
En una polémica medida, el gobierno español de Pedro Sánchez decidió colocar una «barrera» en al mar para evitar la llegada de más marroquíes tras la reciente avalancha migratoria de más de 60.000 personas.
La medida se implementó mientras siguen algunos tibios intentos por cruzar al lado español y se intensifican las expulsiones. Este sábado, un puñado de migrantes exhaustos que nadaron hasta la playa urbana del Tarajal el sábado por la mañana fueron recibidos por soldados que los escoltaron de regreso a través de la frontera.
Los militares españoles no dudaban en empujar a quienes caminaban demasiado despacio. El viernes por la noche, el Gobierno aseguró que «la práctica totalidad» de los migrantes llegados en los últimos días ya había regresado a Marruecos, unos 48.000.
La instalación de la barrera acuática comenzó cerca de las 7:50 de la mañana (3:50 de Argentina). El principal elemento de la estructura de protección es una barrera neumática de 500 metros de longitud, con una altura en superficie de 30 a 70 centímetros y una parte sumergida de hasta un metro de profundidad, según publica el diario El Mundo.
Después de días de caos y calles abarrotadas de personas que esperaban encontrar una vida mejor en España, los ceutíes se despertaron el sábado con una calma inquietante. Aun así, la seguridad para los residentes de la ciudad autónoma de 84.000 habitantes seguía mermada.
“La vida en esta ciudad se ha visto alterada como resultado del incidente fronterizo”, dijo el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas. “El retorno de personas ha comenzado satisfactoriamente, pero el proceso debe completarse”, agregó. “La ciudad aún no ha vuelto a la normalidad”.
En la ciudad marroquí de Tánger, a unos 75 kilómetros al oeste de Ceuta, la principal estación de tren estaba llena de personas que regresaban de Ceuta o de la frontera. Algunos dormían en el suelo, exhaustos, mientras los transeúntes observaban desde la distancia.
“Intenté cruzar, pero fracasé. Me quedé cerca de la frontera con Ceuta durante dos días, pero no pude encontrar nada para comer”, contó Abdalah, que pidió que no se publicara su apellido por temor a represalias por intentar cruzar ilegalmente.
En la carretera a la localidad marroquí de Fnideq, que limita con Ceuta, se vio a muchos migrantes caminando hacia la valla, algunos descalzos, aparentemente con la esperanza de probar suerte.Los taxistas y los conductores de autobuses se negaban a llevarlos, por temor a la posible respuesta de las autoridades.
Se desplegaron agentes de policía a lo largo de la carretera, que paraban y revisaban cada vehículo que se dirigía hacia Fnideq. Sin embargo, algunos de los que lograron llegar a Ceuta estaban decididos a quedarse, como Mohamed Hatri, un marroquí de 23 años.
“Lo han cerrado todo para que no podamos comprar nada para comer, para obligarnos a regresar a nuestro país”, manifestó. “Pero aunque cierren (…) estamos decididos a quedarnos aquí, tengamos hambre o no”, agregó.
«Me llamó un amigo y me ha dicho que la frontera está abierta», contó Soufian, un marroquí de 42 años citado por la agencia AFP que entró nadando en Ceuta. Tenía un moratón en un ojo y un corte en la mejilla que, según dijo, se hizo cuando otros migrantes lo agredieron durante un reparto de comida.
«¿Invasión? No. Eso es mentira. Toda la gente (de Marruecos) quiere subir, quiere un futuro bien, que no hay en Marruecos. Yo ahora mismo estaba trabajando de guardia de seguridad, 12 horas. ¿Y cuánto me pagan al día? 10 euros», explica.