
Durante décadas, St. Thomas pareció condenada a desaparecer bajo las aguas del lago Mead. El pueblo de Nevada quedó sumergido después de la construcción de la presa Hoover, pero el descenso del nivel del embalse permitió que sus antiguas calles, cimientos y restos de edificios volvieran a quedar expuestos.
La historia de St. Thomas comenzó en 1865, cuando un grupo de colonos mormones se instaló cerca del río Muddy. Los primeros habitantes intentaron cultivar algodón y establecer una ruta de abastecimiento entre California y Utah a través del río Colorado. Sin embargo, las condiciones del desierto dificultaron sus planes.
El calor, las plagas y los conflictos con tribus indígenas locales complicaron la vida de los primeros pobladores. Los sistemas de irrigación tampoco lograron convertir el algodón en un cultivo viable, por lo que muchos de los colonos regresaron a Utah en 1871.
Con el tiempo, nuevos habitantes llegaron al lugar y desarrollaron una comunidad con distintos cultivos. La minería cobró importancia y St. Thomas se convirtió en una parada de carga del ferrocarril. En 1918, el pueblo tenía una tienda de comestibles, una cafetería y un hotel.
En su mejor época, unas 500 personas vivían allí. La comunidad tenía escuela, oficina de correos, iglesia y comercios, aunque carecía de electricidad y agua corriente.
El futuro del pueblo cambió en 1928, cuando el Congreso autorizó la construcción de la presa Hoover. La enorme obra represó el río Colorado y creó el lago Mead, un embalse destinado a almacenar agua para el sudoeste de Estados Unidos.
Los habitantes de St. Thomas recibieron compensaciones y abandonaron el pueblo de forma gradual. El lago comenzó a llenarse en 1935. Sin embargo, Hugh Lord, el último residente, permaneció allí hasta junio de 1938. Cuando el agua alcanzó su casa, abandonó el lugar a bordo de un bote.
En el punto máximo del embalse, el edificio más alto de St. Thomas quedó unos 18 metros debajo de la superficie. La heladería, las aulas de la escuela y otras construcciones quedaron ocultas durante décadas.
El agua comenzó a retroceder de forma marcada a principios de la década de 2000. En 2002, St. Thomas reapareció y dejó a la vista parte de su antiguo trazado. Los visitantes pudieron volver a caminar por sus calles y observar los restos de una comunidad que parecía perdida para siempre.
El descenso del lago Mead alcanzó cifras todavía más extremas. El embalse llegó a un mínimo de 1.040,5 pies, equivalente a apenas el 27% de su capacidad. La situación también compromete la generación de energía hidroeléctrica de la presa y representa una amenaza para el suministro de agua.
Para St. Thomas, sus antiguas calles, cisternas y restos de edificios vuelven a quedar expuestos, más de nueve décadas después de que el agua los ocultara.