Seguir la trayectoria musical (y vital) de Ryan Adams con sus altibajos emocionales y numeritos varios, es tarea ardua y compleja. Y es que ya sabemos que al de Jacksonville lo de dosificarse a nivel creativo, emocional o “sexual” no es lo suyo.
Ahora nos regala uno de los trabajos de mayor extensión en su carrera con canciones de no más de tres minutos y medio (exceptuando «Castles in the sand») que lleva por título Autorretratoy que efectivamente reflejan de modo honesto el caos vital de un artista con una genialidad suprema pero que no es capaz de poner orden a su desvarío vital y creativo.
Un disco que algunos han tachado de disperso, a medio hacer y carente de coherencia, pero es quizás ahí precisamente en un mundo dominado por el marketing, donde en la improvisación reside su grandeza y autenticidad. Un trabajo íntimo donde ha desnudado su alma para mostrar su vulnerabilidad en una amalgama de estilos, que van desde el country y el folk al garage rock y las baladas pop sixties.
Un artista capaz de hacer temas acústicos e íntimos de gran sensibilidad como «I shut the fuck up», donde no tiene miedo en mostrar su soledad con duras reflexiones vitales (“Aquí en el hotel roto de mi vida”/»Nadie sale a reír cuando el chiste es tu vida») sin artificios más allá de su guitarra y esa maravillosa intro melódica que encoge el corazón (“Apuesto a que esa mierda todavía se siente como amor/Cierra los ojos, chúpalo/Escalera de espejos que va hacia arriba/¿Alguna vez te has preguntado por qué nadie vuelve a bajar después de haber terminado?)
En la misma línea lo-fi encontramos «Bye Bye Balloons», «Stormy weather” o “Theo” que logran la conexión emocional en apenas dos minutos a través de su lírica (“Es un juego de tontos pero/Nací para perder de todos modos/Y entonces, ¿qué carajo?”) y esos bajos vocales característicos que acompañan el rasgueo melancólico de su guitarra a lo Nick Drake.
Armonías pop clásicas que arrojan algo de positivismo y que tienen estructura de maquetas hechas a modo artesano, sin arreglos y grandes esfuerzos como “Someone on my mind” donde incluso corta el final de modo abrupto, o «I am Dracula» y «Try again tomorrow» con su melodía sencilla y pegadiza que demuestran su devoción por Los Beatles y Pablo McCartney. Canciones más enérgicas y rockeras que domina con maestría, como “Throw it away” o «Take the money» con una intro que nos recuerda al “This is love” de PJ Harvey, o el riff virtuoso que se marca en “Not trash anymore” al estilo de Neil joven.
Su pasión por las versiones de clásicos y grandes canciones es marca de la casa, y en esta ocasión incluye covers del «Blue Monday» de Nuevo orden y del «Shiny Happy People» y «The one I love» de movimiento rápido del ojoque sin valerse de grandes artificios consigue llevarlas a su terreno y hacerlas propias.
Melodías pop folky en “Fools game” o en la versión del «Honky Tonk girl» del clásico de Loretta Lynn o influencias de grandes como Bruce Springteen en «Too old to die young» donde reflexiona sobre la vejez y el paso del tiempo (“Volveré a donde empecé/No quiero cambiar cómo me siento/Con el tiempo morirás o empezarás a traficar/Llama a tu madre por teléfono y/No tendré que decírselo porque sabrá que te has ido”). El piano sentido de «Thunderstorm tears» con una lírica poética y desgarradora que refleja su martirio mental incapaz de controlar su mente (“Cada lágrima que lloro es solo lluvia/Por la tormenta que no puedo controlar en mi cerebro/¿Y quién me salvará ahora?/¿Quién me salvará ahora?).
El corte más largo llega con “Castles in the sand”, una preciosidad folky grabada de modo primitivo y rústico donde se permite incluso tener algún desafino, y que muestra una vez más su desorden vital y desesperación para finalizar con la introspectiva “At dawn” como símbolo de un nuevo comienzo incierto.
Estafa Ryan Adams se hace necesario separar al personaje del artista y reconocer, más allá de sus escándalos (muchos de ellos rozando lo psicótico e indeseable), a un músico mayúsculo que desgraciadamente podría llegar a ser una de las grandes figuras del rock actual, pero que ha optado por el camino de la frustración vital y la autodestrucción. Esperemos que este trabajo, con grandes momentos en medio del caos, sea una tabla de salvación a su purgatorio interior. Talento y alma le sobran.
Escucha Ryan Adams – Self Portrait