Dirigida por Hasan Hadi, es una de las cintas asiáticas que más han removido a los espectadores y críticos durante 2025.

En el Irak de las sanciones internacionales, una niña llamada Lamia de nueve años, debe conseguir los ingredientes para una tarta obligatoria en honor al presidente Sadam Husein bajo la amenaza de cárcel o incluso muerte si no lo consigue. Esta es la concisa historia de una película irakí que ha sacudido las miradas de multitud de críticos y espectadores de todo el mundo: La tarta del presidente.
Sin duda, una de las cintas asiáticas que más han removido a los espectadores y críticos durante 2025. Dirigida por Hasan Hadi, en el pasado festival de Cannes ganó un doblete: Cámara de Oro a la mejor ópera prima y el Premio del Público en la Quincena de Realizadores.
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Siempre es refrescante que una película producida fuera de los estándares de Hollywood llegue a los cines. Y es que no cabe duda que -y esto ha ocurrido siempre- la dictadura de la mirada estadounidense se impone a otras, más modestas, pero que pueden enriquecer al espectador y a su criterio cinematográfico.
Y si la cinta viene avalada por la crítica, mucho mejor. A tenor de lo leído, parece que estamos ante una de las películas de 2025. Luis Martínez de El Mundo la define como un «deslumbrante ejercicio de cine» y que «impresiona por su certeza, por su profundidad, por su simple belleza, por la claridad en el manejo de las miradas, por su arriesgado ofrecimiento de vida», otorgándole cuatro estrellas de cinco.
En Deadline fueron igual de contundentes: «Sin ánimo de spoiler, sólo puedo decir que las imágenes finales de la película me han perseguido durante semanas desde que vi este magistral debut»; y algo que la crítica de Screendaily resalta y que es muy relevador: «Sus interpretaciones centrales ganadoras, su historia cada vez más conmovedora y sus ideas accesibles tanto a los niños mayores como a los adultos deberían ayudar a que tenga una buena acogida«.
Y es que los prejuicios son malos consejeros. El cine proveniente de países remotos como, por ejemplo, Irán o Irak suele llegar precedido de un aura de ‘difícil’ o ‘solo para cinéfilos’, algo muy alejado de la realidad. Por ejemplo, tenemos al director iraní Jafar Panahi, que tiene en su haber películas tan ligeras -y, a la vez, cargadas de profundidad- como El globo blanco u Offside.
La tarta del presidente puede ser esa película que haga que muchos cambien de discurso y dejen de decir aquello de ‘a ti es que te gusta el cine iraní’. Se estrena el próximo 6 de febrero, solo en cines.