Modernidad, evolución, transgresión, no son, desde luego, conceptos que podamos aplicar a la música del británico James cazador. El tipo lleva desde 2006 -con aquél La gente va a hablar– haciendo, más o menos, el mismo disco. Y él, tan pancho. Y nosotros, tan felices. Porque ¿para qué vamos a pedir giros de timón a algo que es perfecto tal y como está? Cada nuevo disco de Cazador y sus seis es como una cita para tomar unas cervezas en el pub con los colegas tras demasiado tiempo sin verse. Siempre las mismas batallas, siempre las mismas bromas, pero qué felicidad.
Y eso que, en cierto modo, este Fuera de la valla no llega exento de alguna novedad y también alguna sorpresa. La gran novedad es que ahora publica sus discos Sonido ocular fácilel famoso sello de y auerbach (Black Keys), en lugar de su casa hasta ahora, el no menos mítico sello Registros Daptonecon los que ha estado 13 años. Los motivos, parece ser, han sido coyunturales y económicos, con total beneplácito del capo de Daptone, Gabriel Rothque de hecho, aquí produce, como siempre lo ha hecho, bajo su pseudónimo bosco mann.
Eso nos da una pista de cómo han sido las cosas. Normalmente, quien graba para Sonido ocular fácilbusca el particular sonido que imprime en todas sus producciones Auerbachpero aquí no es así. Las cosas siguen exactamente como estaban, productor incluido, sólo que Jaime y compañía ahora tienen una maquinaria de promoción más poderosa detrás. De nuevo, si las cosas funcionan ¿Para qué cambiarlas más de lo necesario?
De hecho, el álbum no flaquea ni por un momento en el empeño de Cazador de dar su visión, tan británica ella, del alma tempranarhythm and blues y jazz americanos. Es heredero y partícipe de una tradición que viene desde Fama de Georgie y sus Llamas azules hasta nuestros días, pasando por titanes como Van Morrisonque por cierto, es precisamente la sorpresa de la que hablaba antes.
Todo el mundo sabe que James cazador formó parte de la banda del gruñón de Belfast durante los tiempos dorados de Una noche en San Francisco (1994) y Días como este (1995). De hecho, Van ya colaboró con él en su disco Cree lo que digo cantando en un par de números de bobby sosopero nunca había cantado en una composición propia del de colchester. Aquí lo hace en el incendiario blues “Ain’t that a trip” y claro, hay peligro de que le robe el show. Pero de eso nada, que James es mucho James.
La voz entre sedosa y canalla, tan de pub de Candacede nuestro héroe, continúa perfecta y sugerente en una serie de composiciones que, de nuevo, dan, una tras otra, en la diana de suministrar placer negroide a los oídos del personal más exigente. La inicial “Two birds one stone”, con esa combinación de mambo y blues tan marca de la casa, deja claro que el festín va a ser, una vez más, de órdago.
Navegando entre un romanticismo de mediana edad siempre enternecedor, con esos medios tiempos tan sugerentes como “Let me out of this love” o “Believe it when I see it”, y una aguerrida querencia por el baile que aporta trallazos como “Gun shy” o el pildorazo alma del norte “Cosa segura”, Cazador se las apaña para que le entreguemos el corazón sin condiciones. Y por si hubiera alguna duda, enormidades como “Here and now”, la titular “Off the fence”, “Trouble comes calling” o esa fantasía final titulada “Only a fool” vuelven a demostrar que la modernidad, la evolución, la transgresión, importan bien poco cuando se tiene mojo a cascoporro. Una nueva manifestación de maestría y atemporalidad, una nueva cita con uno de esos amigos que nunca fallan. Pura ambrosía.
Escucha The James Hunter Six – The Fence