
El temor a que alguien pueda activar la cámara del celular sin permiso no es un mito, pero tampoco un escenario inevitable. Existen antecedentes documentados de software espía que logró infiltrarse en teléfonos y monitorear a sus usuarios, aunque en la mayoría de los casos el problema no radica en un “hackeo invisible”, sino en permisos otorgados sin revisar.
En los últimos años se volvió habitual ver cámaras de notebooks tapadas con cinta como gesto de prevención. Sin embargo, el dispositivo que más nos acompaña durante el día es el smartphone, que integra cámara frontal y trasera, micrófono, almacenamiento de fotos y conexión permanente a Internet. La pregunta, entonces, es qué tan expuestos estamos y qué medidas concretas conviene adoptar.
Especialistas en ciberseguridad señalan que el acceso no autorizado a la cámara es técnicamente posible. Puede ocurrir mediante la explotación de una vulnerabilidad del sistema operativo o, con mayor frecuencia, a partir de aplicaciones que solicitan permisos excesivos y el usuario acepta sin detenerse a revisar.
Datos de la firma de seguridad informática Kaspersky indican que en 2023 se registraron más de 31.000 usuarios afectados por stalkerware —programas diseñados para espiar dispositivos— en 175 países.
En una encuesta global realizada sobre más de 21.000 personas, el 7% aseguró haber tenido este tipo de software instalado sin saberlo. Se trata de cifras que muestran que la amenaza existe, aunque no responda a teorías conspirativas masivas.
Existen dos vías principales. La primera consiste en aprovechar fallas del sistema operativo. Este tipo de ataque requiere conocimientos técnicos avanzados y suele ser menos frecuente en dispositivos actualizados.
La segunda, mucho más habitual, se basa en la ingeniería social: aplicaciones que aparentan ser inofensivas —por ejemplo, editores de fotos, linternas o juegos— pero que solicitan acceso a la cámara, al micrófono o a los archivos sin una justificación clara. Si el usuario concede esos permisos, la app puede utilizarlos en segundo plano.
También se han detectado casos de malware camuflado dentro de aplicaciones populares que lograron millones de descargas antes de ser retiradas. En otros escenarios, el software espía puede ser instalado físicamente por alguien con acceso al dispositivo, algo que suele darse en contextos de violencia digital o control indebido.
Tanto Apple como Google incorporaron en sus sistemas operativos indicadores visuales que alertan cuando la cámara o el micrófono están activos. En iOS aparece un punto verde o naranja en la parte superior de la pantalla; en Android se muestra un ícono verde. Estas señales ayudan a detectar usos inesperados, aunque no constituyen una barrera absoluta frente a ataques sofisticados.
Más allá de los indicadores en pantalla, existen síntomas indirectos que pueden encender una señal de alarma. Un consumo inusual de batería, un aumento de la temperatura sin haber utilizado aplicaciones exigentes, o picos de transferencia de datos sin explicación pueden sugerir actividad en segundo plano.
Una práctica clave es revisar periódicamente qué aplicaciones tienen permiso para acceder a la cámara y al micrófono. Tanto en Android como en iPhone es posible consultar el historial de accesos recientes y desactivar autorizaciones innecesarias. Si una app de linterna o de notas solicita acceso a la cámara, conviene cuestionarlo.
Otras recomendaciones básicas pero efectivas incluyen:
En casos de sospecha concreta —por ejemplo, si se detecta una aplicación desconocida con permisos amplios— puede ser recomendable realizar una copia de seguridad y restablecer el equipo a valores de fábrica.
Tapar la cámara del celular con cinta es una medida física posible, aunque poco práctica para el uso cotidiano. La protección más efectiva no pasa por el miedo, sino por la gestión activa de permisos y la revisión periódica del estado del dispositivo.
La privacidad digital no depende de gestos simbólicos, sino de hábitos sostenidos: entender qué se instala, qué se autoriza y cómo funciona el teléfono que llevamos en el bolsillo.