
Cualquier declaración o comentario de los sectores que están sufriendo la falta de actividad, como el comercio, la industria y la construcción, por mencionar sólo algunos de los más importantes, se inicia siempre con la frase del título de este artículo, que se recita como una letanía introductoria.
A continuación, se dice que la inflación está controlada.
En la primera de las afirmaciones que comentamos se reduce la macroeconomía al equilibrio fiscal, a que no se gaste lo que no se tiene, lo cual es indiscutible. Pero la macroeconomía es mucho más que el equilibrio fiscal y abarca como veremos todas las variables económicas, incluidas aquellas que forman la microeconomía.
Y después viene la descripción del estado económico del sector en cuestión, que siempre es negativo.
Analizaremos las dos afirmaciones.
Economistas liberales como Dornbusch, Rudiger; Fischer, Stanley; Startz, Richard, en su obra “Macroeconomía” dicen que “La macroeconomía se ocupa del comportamiento de la economía en su conjunto: de los auges y las recesiones, de la producción total de bienes y servicios de la economía, del crecimiento de la producción, de las tasas de inflación y desempleo, de la balanza de pagos y de los tipos de cambio”, definición con la que coincide Mankiw, otro liberal; en su obra con idéntico título al anterior.
En consecuencia, la macroeconomía es la totalidad de la economía. En Planificación para la libertad, Rothbard un economista de la escuela austríaca sostiene que con Mises “desaparecía la distinción (… ) entre micro y macroeconomía” y que la economía constituía “un todo unitario” basado en la actividad individual.
Entonces cuando consideramos el estado de la macroeconomía según las definiciones clásicas liberales, vemos que hay graves problemas de recesión, desempleo, caída abrupta de los ingresos individuales, caída de la recaudación, degradación de la infraestructura, etc.
El tema es de la mayor importancia porque la macroeconomía es una totalidad coimplicante, adónde cada factor influye en los otros y el orden depende del estado de todos los factores integrantes.
Si hay recesión o fuerte caída de la actividad, la recaudación será menor. Pero además la recesión tiene un efecto multiplicador: menos ventas producen pérdidas en las empresas, que empiezan a suspender y eventualmente despedir personal. Esas personas a su vez, consumirán menos y disminuirán más aun las ventas de las empresas, que tampoco invertirán.
La recesión, la caída de los ingresos y de la actividad también dificulta las nuevas inversiones, (Sólo pueden existir en minería y petróleo y gas porque son exportables y no les afecta la caída de actividad).
De modo tal que la macroeconomía no “está ordenada y falta la micro.”
A su vez, la “inflación controlada” que se pondera en las letanías es uno de los factores más importantes del desorden macroeconómico y lógicamente parte importantísima de los efectos negativos.
Por supuesto que no abogamos por la inflación, uno de los problemas más importantes y más destructivos del orden macroeconómico.
El problema reside en la manera en que se ha controlado la inflación, con instrumentos, qué si bien la disminuyen, hacen un daño grave precisamente a la macroeconomía.
Algunos de esos instrumentos son:
El dólar subvaluado mediante tasas de interés muy altas que permiten el carry trade.
Esto genera disminución perjudicial de los precios de exportación, falta de inversión local por el alto nivel de la tasa de interés, caída del crédito de consumo y del crédito para capital de trabajo, entre otras distorsiones.
La práctica del antiguo deporte nacional de licuar el ingreso jubilatorio con la inflación. Aparte de la extrema injusticia de esta medida que, repetimos, la han aplicado muchos gobiernos, el menor ingreso es menor consumo, menor actividad.
Apertura de las importaciones, sin disminuir la carga tributaria local. Así se logran precios más bajos que contienen la inflación y se mantiene, (durante un tiempo), la misma recaudación.
La consecuencia obvia es la mayor caída de actividad de las empresas locales que continúan con la exagerada presión tributaria local. Suspensiones, despidos de personal, caída en la compra de insumos, repercusión negativa en la cadena de proveedores de insumos, y peor aún, desaparición de empresas.
Paralización total de la obra pública e incumplimiento de más de 2000 contratos, con la consiguiente caída de mano de obra y de los insumos, que implican a su vez otra caída del empleo. Además, se ha cancelado el mantenimiento de la infraestructura, que es encuentra en altísimo estado de degradación. La consecuencia es el incremento de los gastos logísticos, la poca confiabilidad del transporte de energía, etc.
El Gobierno ha manifestado que no homologará acuerdos salariales superiores al 2%, lo cual supone con optimismo que ése será el nivel inflacionario futuro.
Hay muchas más medidas de la misma índole, pero este catálogo es suficiente para entender que la baja de la inflación es artificiosa, porque se obtiene disminuyendo el valor de diferentes variables macroeconómicas, suspendiendo pagos o incumpliendo contratos.
La inflación no bajará de los niveles mensuales actuales.
En efecto, creemos que el catálogo de artificios está agotado, no hay más variables para subvaluar, obligaciones para dejar de pagar o contratos para incumplir, de modo que la inflación se estabilizará en los niveles actuales con pequeñas variaciones mensuales.
El supuesto “orden macroeconómico” y la “inflación controlada” se han promovido a partir de una economía infectada de controles, valores máximos obtenidos con distorsiones del mercado, permiso para el dumping del exterior, etc.
Más allá de estas críticas, la suposición del Gobierno es que, aunque el equilibrio fiscal y la baja de la inflación se obtengan con medidas intervencionistas, el riesgo país bajará, aparecerá el crédito del exterior, esto permitirá el crédito local y la economía reaccionará con inversión y consumo. “No estaría pasando”. La realidad es que muchas empresas cierran, dieciséis grandes empresas extranjeras abandonaron Argentina, y hay varias más preparando las valijas.
Todos estos controles directos e indirectos, sutiles o brutales se desarrollan en un gobierno que se autoproclama liberal y que por supuesto no lo es.
Con otros instrumentos, pero con una violencia similar a la de gobiernos populistas, lleva adelante un dirigismo que como siempre nos llevará a la crisis.
Y que por supuesto, hará que la sociedad piense que el liberalismo, también es un fracaso lo cual ensombrece nuestro futuro y nos condena otra vez al dirigismo.
Ya vivimos esa experiencia.
Viva la libertad sin malas palabras.