20 años después de que se estrenara ‘El diablo viste de Prada’ llega a los cines la segunda parte. Spoiler: es bastante interesante

A ver, lo hemos hablado un millón de veces: el 90% de todo lo que vemos en el cine actual ya existía antes. En el caso de El Diablo viste de Prada 2, no es más significativo que el resto de secuelas, desde la segunda de Trainspotting a las diez de Fast and Furious o las seis de Transformers. Es, obviamente, un aparato nostálgico que busca recuperar una comedia de muchísimo éxito de los años 90 (por el estilo, aunque sea posterior), de un humor blanquísimo para toda la familia. Hay que recordar que la original, que ahora cumple 20 años, adaptaba un bestseller de éxito de Lauren Weisberger.
Echando la vista atrás, aquella primera entrega era una comedia trampa que funcionaba a medio camino entre el cuento moral y el de princesa Disney. Nos presentaba a una chica con valores pero sin dinero, con un novio guapísimo que es chef, y que entra a trabajar en una revista de moda súper prestigiosa. Su sueño era escribir en el New Yorker y jamás le había importado la alta costura, pero al final termina dejándose atrapar por la ambición laboral, el lujo y los vestidos de Chanel. El cuento moral nos decía que había vendido su alma al diablo, representado por su jefa. Y aquí viene mi primera reflexión: yo en 2006 ya sentía que el personaje de Meryl Streep no era tan mala jefa. A mis 28 años había tenido, como mínimo, dos jefes muchísimo peores que esa mujer. Es dura, exigente y soberbia, pero si habéis trabajado, sabéis que los jefes en realidad son unos cabrones, no existen los jefes buenos (bueno, hola, mi jefe actual, tú eres el bueno). Además, la primera cinta tiene cosas que hoy resultan de locos, como el chiste constante en el que llaman gorda a Anne Hathaway todo el rato, ¡pero esto qué es!.
Llegamos entonces a esta secuela, que cuenta en la silla de dirección con el mismo realizador de la original: David Frankel, nacido en Nueva York en 1959. ¿Por qué suelto este dato? Porque no importa absolutamente nada. Frankel no es un autor, es un director a sueldo de los estudios con una carrera bastante invisible (Marley & Me, El gran año), alguien anodino que se limita a trasladar el guion a imágenes dejando que los actores brillen. Su misión hace dos décadas era no cagarla, y no lo hizo, así que 20 años después de no hacer nada interesante le han dado la secuela y vuelve a hacer exactamente lo mismo. En el reparto, Anne Hathaway está muy simpática, pero con ese modelo de interpretación en el que se esfuerza muchísimo con mil caras y gestos para parecer pizpireta. Personalmente, adoro a Hathaway, pero me gusta mucho más Emily Blunt, que básicamente con fruncir el ceño ya te está haciendo reír. Meryl Streep sigue demostrando que su personaje es encantador, con un poco de mala leche, pero súper maja en el fondo, y no un diablo tan fiero como lo pintan. Tampoco falta Stanley Tucci, que siempre es el personaje que le pone más corazón a la película, y se agradece la suma de Justin Theroux con uno de esos papeles maravillosamente absurdos que le quedan perfectos.
walt disney studios motion picture
Esta secuela me ha gustado mucho más que la primera
Llegados a este punto, puede parecer que estoy un poco a la contra, pero ahí va el gran giro: ¡esta secuela me ha gustado más que la primera!. ¿El motivo? La cinta original no iba sobre nada profundo, tan solo buscaba criticar el mundo irrisorio de las apariencias mientras exhibía ese mismo lujo. Sorprendentemente, El Diablo viste de Prada 2 me ha interesado una barbaridad y me ha tocado de lleno porque está centrada en la crisis del periodismo contemporáneo.
La película pone el foco en los medios tradicionales de papel y cuenta verdades como puños sobre el mundo digital. El argumento nos muestra cómo la revista de Meryl Streep entra en crisis y cae en picado debido al cambio de las tecnologías y los nuevos consumos de los medios. El filme habla sin tapujos de cómo hoy en día hay que publicar un contenido cada vez más melifluo y absurdo, siguiendo las leyes dictadas por buscadores como Google, mientras se lidia con la atroz competencia de la inteligencia artificial que se está zampando a las redacciones. Las redacciones cierran, despiden a la gente y no hay una solución clara a la vista. Ante esto, la película abraza una idea súper romántica: la reivindicación de que el periodismo de calidad y un buen texto es lo único que nos puede salvar. Y esto es algo en lo que yo creo completamente, a muerte y al 100%. Como siempre defiendo, el cine nunca morirá porque si alguien quiere hacer una película, siempre habrá otro que la quiera ver. Lo mismo pienso de la crítica cinematográfica: si un chico o chica hace una crítica con pasión, amor, talento y cultura, ya sea en un blog, un podcast o en YouTube, yo voy a estar interesado en consumirlo. Necesitamos la crítica y el periodismo de calidad, porque sin espíritu crítico seremos mansos, seremos ovejas, seremos lerdos y no seremos nada.
El guion también funciona como una gran crítica al capitalismo. Hay un instante fabuloso (sin spoilers) en el que Meryl Streep, tras 50 años dirigiendo su revista, se sienta en una mesa con la gente que ha absorbido la empresa. Todos son jóvenes con MBAs y jefes de audiencias que no paran de decirle chorradas sobre cómo tiene que hacer su trabajo para que la publicación funcione. Mis más sinceras felicitaciones a los responsables de la película por integrar esto de forma tan brillante dentro del molde de una comedia clásica de Hollywood, bastante en la línea de lo que era El diario de Bridget Jones.
Esta profunda defensa del papel y de las revistas me ha llenado de tanta nostalgia que he ido a buscar mi vieja colección de la revista Dirigido por, que me traje de casa de mis padres cuando me fui. Empezar a currar allí fue de los momentos más felices de mi vida. Buscando entre sus páginas me he encontrado críticas mías de mis inicios en 1997, a las que les enganchaba en la parte trasera recortes de críticos «de verdad», como Antonio Trashorras o Antonio Weinrichter en Fotogramas. Madre mía, ¡vaya tochos de críticas le dedicaba a pelis como Persiguiendo a Amy (a la que le cascaba un 9) o a Pulp Fiction (un 10 absoluto)!.
En definitiva, El Diablo viste de Prada 2 funciona correctamente en su campo de juego. Si os gustó la primera, no os va a decepcionar; y si la primera os pareció una chorrada, pues esta será la misma chorrada y no debéis buscarle los tres pies al gato.