El tenis, como cualquier deporte, guarda registros memorables. Pero también exhibe su cara más cruda. A menudo, son varios los protagonistas que no guardan rencor y tienden a mostrar su frustación: gritos, reclamos y hasta incluso destrozar su herramienta de trabajo. Esta vez, el protagonista fue Tristán Boyer (257°), quien perdió completamente el control durante su partido en el Desafiador de Francavilla, italia.
Todo ocurrió en un momento clave del encuentro ante el italiano Daniele Rapagnetta (936°). Tras haber cedido su servicio en el segundo set y quedar al borde de la derrotael estadounidense explotó.
Del quiebre en contra al colapso total
El partido tenía un desenlace tenso y todo cambió en cuestión de segundos. Con el marcador 5-6 en contraboyero perdió su servicio en un momento determinante del set. Ese break lo dejaba al borde de la derrota.
En el cambio de lado, el californiano de 25 años perdió el control. Comenzó a golpear su raqueta contra el piso de manera reiteradaen una reacción que no tardó en tener consecuencias. El juez de silla aplicó el reglamento y lo sancionó con la pérdida de un game por conducta antideportiva.
La decisión fue letal: al ceder automáticamente ese juego, Boyer perdió el set y, con él, el partido. Lejos de aceptar la sanción, la resolución terminó de sacarlo de eje.
En un acto de furia, dirigió su enojo hacia el árbitro y comenzó a golpear con violencia la silla, en una escena que obligó a la intervención de las autoridades y derivó en su descalificación inmediata.
Una reacción que no es nueva
El episodio no fue un hecho aislado. El comportamiento de Boyer ya había generado antecedentes recientes dentro del circuito. En noviembre de 2025el tenista había protagonizado una escena similar en el Challenger de Lima, donde destrozó su raqueta tras caer ante el ecuatoriano Álvaro Guillén Meza.
Incluso en ese mismo torneo, un año antes, también había tenido una reacción desmedida tras un partido frente al argentino Francisco Comesaña quien en estos momentos se encuentra en el cuadro principal del Masters 1000 de Roma.
La reiteración de estos episodios pone el foco sobre su conducta dentro de la cancha y abre interrogantes sobre posibles sanciones más severas. La pérdida de un game por conducta antideportiva es una de las sanciones más duras dentro de un partido, y en este caso tuvo un impacto inmediato y decisivo en el resultado.

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