El 6 de enero de 1999, las hélices de un barco remolcador se trabaron en el río Vístula, ubicado en Cracovia (Polonia). Los trabajadores pensaron que era basura acumulada entre los motores, quizá una bolsa, cuero o algún resto atrapado por la corriente.
Cuando lograron sacarlo, el olor los hizo retroceder antes de acreditar lo que estaban viendo. Habían encontrado piel humana. La pieza tenía costuras finas, cortes precisos y forma de corsé. También había una oreja con un aro todavía en ella. Por un instante nadie sabía como nombrar la situación, porque no era un cuerpo, tampoco ropa. Era algo mucho más sombrío.
Meses antes, una estudiante de 23 años, Katarzyna Zowada, había desaparecido en la misma ciudad. La policía creía que se había ido por voluntad propia, mientras algunos vecinos creían en un suicidio. Entretanto su madre pegaba carteles por Cracovia, probablemente mientras su hija estaba siendo seccionada.
Katarzyna Zowada, estudiante universitaria desaparecida en 1998. Foto: ATI.La vida de Katarzyna antes de desaparecer
Katarzyna, a quién conocían como Kasia, nació en Cracovia en junio de 1975. Era hija única, reservada y extremadamente tímida. Tenía pocos amigos, pasaba mucho tiempo leyendo y mantenía una relación muy cercana con sus padres, especialmente con su padre.
En 1996, durante una excursión juntos, él sufrió una caída que le provocó una lesión modular gravísima. Murió poco después por complicaciones derivadas del accidente. Kasia tenía 20 años y ese evento fue destructivo para ella.
Entró en depresión severa y comenzó tratamiento psiquiátrico. Su madre, que era psicóloga, intentó ayudarla rápidamente con terapia y medicación. Katarzyna logró estabilizarse y volver a los estudios. Cambió de carrera varias veces, pero finalmente se había decidido por teología.
Le interesaban los movimientos hippies, la música de los años 60 y 70 y pasaba horas en las disquerías de la ciudad donde era común que los estudiantes se reunieran a hablar de libros y vinilos. Amaba a Greatful Dead y frecuentaba ferias donde buscaba vinilos usados.
A finales de 1998 volvió a cambiar. Faltaba a clase, salía de su casa mintiendo sobre dónde iba a estar, empezó a entrenar y se tiñó de rubio. Parecía estar viviendo algo que no comentaba. El 12 de noviembre de ese año, se iba a encontrar con su mamá para una consulta psiquiátrica, pero nunca llegó.
Bugoslava Sowada contra la indiferencia policial
Bugoslava esperó media hora antes de entrar en pánico. Katarzyna jamás llegaba tarde. Volvió al departamento de su hija esperando encontrarla y que le dé alguna excusa, pero no estaba.
Fue la policía, pero le dijeron que por su edad había que esperar tres días para efectivizar la denuncia. Ahí comenzaron a gestarse las hipótesis que mencionamos al comienzo, pero su madre no creía ninguna.
Mientras las autoridades minimizaban la desaparición, Boguslava recorría universidades y calles pegando fotos de su hija. Un testigo dijo haberla visto en un colectivo, pero esa pista murió rápido.
Después, llegaron dos llamadas extrañas. Primero, un hombre afirmaba tener información sobre Katarzyna y quería reunirse con ella en la plaza central de Cracovia. Nunca se concretó. Un detective privado que había contratado le advirtió que podía tratarse de una trampa.
Las semanas pasaron sin avances y la policía prácticamente había abandonado la búsqueda. Hasta aquel hallazgo en el río.
Un trozo de piel de Katarzyna Zowada fue descubierto en un barco. Foto: ATI.Las pruebas forenses expusieron uno de los asesinatos más sádicos de Polonia
Los análisis confirmaron que esa piel intervenida, a la que referimos al principio, pertenecía a Katarzyna Zowada. Esta revelación estremeció a Polonia.
La pieza había sido confeccionada retirando cuidadosamente la piel del torso de la víctima. Tenía costuras delicadas y estaba armada con la intención de convertirse en una prenda. Los forenses terminaron confirmando la intencionalidad de la persona que hizo aquello, porque se notaba que no había sido improvisado.
Las extremidades habían sido separadas con precisión quirúrgica. Días después aparecieron una pierna, un glúteo y otros restos humanos flotando en el río Vístula. Nunca encontraron el cuerpo completo.
El cuerpo aún guardaba la parte más macabra de la historia. Reveló que Katarzyna seguía viva cuando comenzaron a arrancarle la piel.
La investigación pasó a conocerse como «el caso Skóra», palabra polaca para «piel». Los medios cubrieron el crimen como si fuera una pesadilla nacional y la presión sobre la policía aumentó rápidamente. Habían ignorado durante semanas la desaparición de una joven que terminó convertida en un corsé humano.
El asesino seguía libre mientras el caso acumulaba sospechosos
La investigación avanzó con rapidez. Uno de los primeros sospechosos fue Jan N., un hombre que años antes había asesinado a su esposa y a su hijo para luego desprenderlos de la piel. Pero sus condiciones físicas denotaban deterioro y fue descartado.
Después apareció Vladimir W. En mayo de 1999, el hombre asesinó a su padre, lo colgó del techo, le quitó la piel del rostro y confeccionó una máscara humana con ella. Al día siguiente desayunó con su abuelo usando la cara de su padre como disfraz.
Era una escena tan macabra que la policía creyó haber encontrado al responsable del crimen de Kasia, pero no pudieron conectarlo. No existían pruebas de que conociera a la joven y el móvil parecía completamente distinto. Vladimir terminó condenado por el asesinato de su padre, mientras el caso del corsé humano seguía sin respuesta.
Con el tiempo los investigadores elaboraron un perfil psicológico del posible asesino: hombre entre 20 y 30 años, inteligente, narcisista, sádico y con conocimientos sobre cortes anatómicos. Después de eso volvió a haber un bache.
El trozo de piel fue intervenido. Foto: ATI.El caso se frenó durante años, hasta que..
En 2012, con nuevos avances genéticos y forenses, la investigación fue reabierta. Incluso intervino una unidad del FBI especializada en casos sin resolver. Las nuevas autopsias determinaron que Katarzyna había sido herida en el cuello, la axila y la ingle antes de morir desangrada.
Se había descifrado que el asesino no solo había mutilado el cuerpo, sino que también la había torturado.
El nuevo perfil indicó que probablemente se tratara de un hombre misógino, con motivaciones sexuales y obsesionado con usar la piel de la víctima como si fuera suya. La precisión de las heridas sugería experiencia con cuchillos. Podría ser un carnicero, un veterinario, un cazador o alguien acostumbrado a diseccionar cuerpos.
Entonces volvió a resonar un nombre, Robert Janczewski. Ya había sido mencionado años antes por un colaborador policial, pero nadie profundizó demasiado. En 2017, una carta enviada a la policía volvió a señalarlo. El autor decía ser amigo suyo y afirmaba que Robert estaba obsesionado con Katarzyna.
El hombre vivía cerca del río Vístula, trabajaba en laboratorios de disección y taxidermia animal, practicaba artes marciales, solía vestir ropa femenina, acosaba mujeres y visitaba frecuentemente la tumba de Kasia para dejar flores y velas.
Este personaje se volvía cada vez más macabro. Cuando allanaron su casa, encontraron debajo de la bañera cabello femenino. Los análisis determinaron que permanecía a Katarzyna Zowada. También secuestraron diarios personales donde Robert describía cómo seguía y observaba mujeres. Entre todos los nombres escritos, aparecía el de Katarzyna.
Según la reconstrucción judicial, Robert habría ganado la confianza de la joven usando sus intereses musicales y literarios para acercarse. Después la llevó hacía una cabaña abandonada donde ocurrió el asesinato. La hipótesis indicaba que intentó usar el corsé confeccionado con su piel.
Robert Janczewski fue acusado formalmente y condenado a prisión perpetua en 2022 por homicidio agravado con extrema crueldad. Aunque eso no fue el cierre del caso.
Robert Janczewski fue arrestado por el asesinato de Katarzyna Zowada. Foto: ATI.En octubre de 2024, el tribunal anuló la condena y lo declaró inocente por falta de pruebas concluyentes. Aunque el cabello encontrado coincidía con Katarzyna, nunca se realizó un análisis mitocondrial definitivo.
La defensa sostuvo que Robert, diagnosticado con esquizofrenia, había sido convertido en el culpable perfecto para cerrar un caso que llevaba décadas abierto. Funcionó. Hasta el día de hoy, el asesinato de Katarzyna Zowada sigue sin resolverse.