En 2008, la justicia estadounidense señaló como «posibles cómplices» a cuatro mujeres asistentes de Jeffrey Epstein, aunque, como parte del acuerdo alcanzado con el financista, les concedió inmunidad.
Sin embargo, hace algunos días, el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, que impulsa una investigación sobre el caso, llamó a declarar a Sarah Kellen y Lesley Groff, dos de esas mujeres, quienes darán su testimonio a principios de junio.
En paralelo, crece la presión para que se convoque a las dos restantes, entre las que está Nadia Marcinko, una exmodelo que, según la reconstrucción de los hechos, también fue novia del acosador. Una serie de mails sugieren que colaboró en los delitos.
La historia de Marcinko y su relación con Epstein: «Intentaré encontrar chicas siempre»
Nadia Marcinko es hija de una familia acomodada de Eslovaquia.
Cuando era adolescente, trabajó como modelo para la agencia Karin Models, que dirigía Jean-Luc Brunel, amigo íntimo de Epstein.
Jean-Luc Brunel, el exagente de modelos francés que tenía contratada a Marcinko. Foto: Archivo En dicha labor, si bien se desempeñaba para una sucursal de París, viajó a una fiesta de cumpleaños de Brunel celebrada en Nueva York, y fue allí donde conoció al financista, según contó a los investigadores que la entrevistaron tras la muerte de este.
Corría el año 2003, Nadia tenía 18 años y Jeffrey 50. Unos días después del primer encuentro, el pedófilo la invitó a su mansión de Palm Beach y, desde allí, se dirigieron a su isla privada en el Caribe.
De acuerdo al testimonio judicial de la mujer, ella siguió las directivas de Epstein, en parte, porque temía que el estadounidense la hiciera deportar gracias a su vínculo con Brunel.
Marcinko viajaba con el abusador de manera muy frecuente. Aún más: ciertos correos electrónicos que surgen de la causa Epstein y que fueron analizados al detalle por la BBC, sugieren que fueron pareja.
En aquel momento, el financista se estaba separando de Ghislaine Maxwell, aunque su relación delictiva continuaría en el tiempo.
Un mail de 2009 revela que Epstein le escribió a otra persona diciendo que estaba «enamorado de Nadia».
Sin embargo, otro mensaje de ese mismo año muestra lo dominante que era.
«Quiero que aprendas a cocinar huevos… y también camarones […]. Quiero que aprendas a poner la mesa y a presentar los platos. Quiero que aprendas a llevar una casa. No quiero discusiones de lunes a viernes; cualquier problema debe esperar al fin de semana. Se acabó quejarse por todo. Quiero que leas uno de los 100 grandes libros cada mes», dice el empresario.
«Quiero que hagas ejercicio cuatro veces por semana, todas las semanas. Quiero que escribas 60 palabras por minuto. Solo quiero cosas bonitas en la casa. No puedes meter nada sin que yo lo vea primero», concluye.
Epstein dijo estar enamorado de Marcinko. Foto: Wikipedia (CC 0)Tras la muerte del financiero, Marcinko declaró a los investigadores que Epstein controlaba todos los aspectos de su vida, incluidos su peso y su vestimenta. También afirmó que la obligó a someterse a múltiples cirugías plásticas y que la maltrató físicamente.
Además, y he aquí el dato importante de la cuestión, hay repetidas referencias a la expectativa de Epstein de que Marcinko le buscara otras mujeres.
En 2006, ella le escribió: «¿Qué te imaginas que es algo divertido en el sexo? Haré lo que pueda, aunque si se trata simplemente de que tú tengas sexo con otra persona, no sé cómo eso mejora nuestra relación. Intentaré encontrar chicas siempre que estemos en Nueva York».
Más aún: algunos mensajes sugieren que Marcinko sabía que Epstein prefería a las mujeres jóvenes.
Tal era la relación entre ambos que, ese mismo año, el financista envió un correo a Brunel para pedirle que incluyera a la eslovaca en la nómina de su nueva agencia de modelos, MC2, y le pagara 50.000 dólares anuales.
Sin embargo, Marcinko estaba claramente insatisfecha con su subordinación a Epstein. Un mail que le envió ella es esclarecedor al respecto: «Desde que te conocí, mi vida gira en torno a ti, no tengo nada más y eso me hace sentir muy incómoda».
Por ello, a partir de 2009, y a pesar de que visitaba al financista mientras estaba preso, redujo su dependencia económica de él. Para esto, aunque financiada por el pedófilo, se formó como piloto.
No obstante, cuando Epstein salió de la cárcel, la relación volvió a intensificarse, e incluso intentaron tener un hijo, de acuerdo con los correos. Ella mantuvo su papel como reclutadora, tal como se desprende de un mensaje en el que le pide su opinión sobre una mujer concreta que, según ella, se ofreció a venir desde Europa del Este.
Epstein se separó de Marcinko en 2010. Foto: ArchivoRecién en 2010, finalmente, se separaron, después de que él, supuestamente, se mostrara violento con ella.
Al año siguiente, según su propio relato, la mujer consiguió una nueva visa de trabajo por su empleo en la aviación.
Sin embargo, ella y Epstein siguieron siendo amigos, y Marcinko pilotó su jet privado en algunos viajes.
En 2013, el financista le consiguió trabajo como instructora de vuelo para la compañía DEKA Research & Development. Dos años después, le propuso duplicar cualquier ingreso que ella obtuviera de otras fuentes.
Desde entonces, la relación pareció diluirse. Finalmente, en 2018, Marcinko decidió enfrentarlo.
¿Víctima o cómplice? La posible indagatoria de Marcinko
En 2008, como parte del polémico acuerdo que Epstein alcanzó con la justicia, a Marcinko y a otras mujeres del entorno del pedófilo se les concedió inmunidad judicial, a pesar de que fueron consideradas «posibles cómplices».
Diez años después, no obstante, Marcinko comenzó a hablar respecto del caso. Un documento de los expedientes describe cómo cooperó en la investigación del FBI.
Marcinko comenzó a declarar contra Epstein en 2018, ante el FBI. Foto: WikipediaA cambio de su palabra, cuatro años más tarde, el FBI apoyó la solicitud de Marcinko para permanecer en Estados Unidos con su visa expirada. La agencia afirmó que había sido «reclutada, acogida y obtenida por Epstein con el fin de mantener una relación sexual coercitiva».
Desde entonces, la eslovaca desapareció de la vida pública, aunque algunas publicaciones en las redes sociales sugieren que fue, al menos hasta 2025, miembro activo de un centro budista zen en Nueva York.
Su abogado dijo que ella quería ayudar a otras sobrevivientes, pero que estaba «trabajando en su recuperación».
Sin embargo, ahora, la inmunidad concedida a Marcinko y a las otras tres mujeres en el acuerdo de 2008 está siendo cuestionada.
La congresista estadounidense Anna Paulina Luna, miembro republicana del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, dijo haber accedido a los documentos censurados del caso, y afirmó que «todas estas mujeres participaron en el tráfico de menores como adultas. Trabajaban y eran cómplices de la operación de Jeffrey Epstein».
Sarah Kellen y Lesley Groff, dos de las asistentes, ya fueron convocadas a declarar, y prestarán testimonio el 3 y 9 de junio, respectivamente. La comisión evalúa si llamará a Adriana Ross y a Nadia Marcinko, las restantes.
La discusión pasa por conocer hasta qué punto una víctima también puede ser considerada cómplice. Uno de los fundamentos para determinarlo es saber si siguió cometiendo delitos tras escapar del control del agresor, teniendo en cuenta que este puede continuar incluso de manera no física.
Qué opciones tuvo Nadia Marcinko, si es que tuvo alguna, durante su larga relación con Epstein, es lo que se intenta dilucidar.
Uno de los mails entre Epstein y Marcinko. Foto: Departamento de Justicia (EE. UU.)Los documentos de los expedientes solo ofrecen destellos de la vida de la eslovaca.
Los mails, además, no terminan de ser del todo aclaratorios respecto de la relación. Uno de 2012, firmado por Marcinko, quizás, sea el más revelador de lo dicho:
«No quiero estar contigo, pero me perturba verte utilizar exactamente los mismos patrones para seducir, manipular y, en última instancia, controlar y lastimar a otras chicas. Ni siquiera me caen bien, y de hecho me siento culpable por saber cómo terminarán», comienza, y agrega:
«Sé de lo que eres capaz y siempre te protegeré por pura lealtad y obstinación, pero mi conciencia dista mucho de estar tranquila».