
El gasto público nacional cayó casi diez puntos en comparación con el PBI en los últimos nueve años y el Gobierno cree que ya le queda poco margen para seguir ajustando el presupuesto. Un agotamiento de la «motosierra» daría paso a un superávit sostenido por un aumento en la recaudación.
Es una idea que dejó entrever el ministro de Economía, Luis Caputo. Aseguró que el nivel de erogaciones del Estado ya es comparable al que existía durante la década del 90.
«El aumento de la recaudación tiene que venir por formalización y crecimiento económico. Si mantenés el gasto constante, como nuestro caso, vas a tener un superávit más alto», dijo el funcionario en una entrevista en el ciclo Economía de Quincho.
Esa idea de una «motosierra» que empieza a perder protagonismo no es compartida por analistas, que ponen en duda que la recaudación se recupere rápidamente y que, por esa razón, Hacienda necesitará incluso una ronda más de ajuste del gasto para mantener el equilibrio fiscal.
Los datos que recopiló el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) que preside Nadin Argañaraz muestran que en abril el gasto primario del Gobierno nacional fue equivalente a 14,1% del Producto. Es una caída de 5 puntos porcentuales en comparación con el nivel que tenía en el momento del cambio de gobierno.
Y significa un recorte mayor en comparación con la última década: en 2017 el gasto llegó a representar el 24% del tamaño total de la economía. El gobierno de Mauricio Macri lo hizo caer hasta 18,7% del Producto. Durante el mandato de Alberto Fernández volvió a tocar un techo de 23,6% y luego comenzó un declive que se aceleró ya con la llegada de Milei a la Casa Rosada.
«Cada vez es menor el margen de recortar el gasto, más de la mitad está indexado, como jubilaciones, pensiones y AUH. Como eso está creciendo en términos reales, el Gobierno viene reduciendo aún más el gasto no indexado, básicamente transferencias a provincias, subsidios, obra pública, salarios, universidades, entre otros», dijo Argañaraz.
Otra consultora, Outlier, observó la misma tendencia en la última década, pero analizó en detalle al interior de cada año para ver que también hubo una reconfiguración de los gastos que hace o deja de hacer el Estado nacional.
«Hay menos gasto de capital (casi nulo), subsidios económicos (contracara de tarifas) y transferencias a las provincias (también casi nulas), y más gasto en jubilaciones, resto del gasto social (asignaciones universales, programas sociales y PAMI, entre otros) y gastos de funcionamiento«, estimaron desde esa consultora.
Hacia adelante, Outlier cree que para que el Gobierno pueda cumplir con la meta fiscal comprometida ante el FMI (superávit de 1,4% del PBI) «será necesario que mejore el desempeño de la recaudación, haya nuevos ajustes explícitos del gasto y/o se sumen nuevas fuentes extraordinarias».
En ese sentido, arriesgó que «el rubro que sigue pareciendo el más plausible para hacer foco es el de los planes sociales, ya que subsidios económicos está lidiando con el impacto de la crisis energética global».
Por su lado, un informe de la consultora LCG anticipó que el objetivo de superávit es alcanzable. «En todo caso, la duda no pasa tanto por su cumplimiento, sino por la magnitud y la composición del esfuerzo fiscal necesario para alcanzarla», plantearon.
Habrá, mencionan, un juego de equilibrio entre medidas que pueden afectar la recaudación. «Menores ingresos por el avance en la aplicación de la Reforma Laboral (RIFL + FAL), más la devolución de los fondos por coparticipación a la CABA, y el efecto de la baja de impuestos ya anunciadas deberán ser compensados con menores gastos, muchos de los cuales ya ajustaron sensiblemente», concluyeron desde LCG.
Un cambio en los cimientos en que se apoya el superávit fue mencionado en distintas ocasiones por el staff técnico del FMI en sus informes sobre el programa financiero que firmó con la Argentina. Para el organismo, el «ancla fiscal» es fundamental, pero propicia que el formato esté basado menos en podas presupuestarias grandes sino en medidas estructurales.
«Con el tiempo, se espera que las reformas bien planificadas del marco tributario, de pensiones y fiscal mejoren aún más la calidad y la durabilidad del ancla fiscal», mencionó el equipo técnico del Fondo en su último comunicado.