
Las especulaciones se multiplican mes a mes, los trascendidos van tomando cada vez más entidad sobre la posible visita este año del papa León XIV a la Argentina, en el marco de una gira sudamericana que incluirá a a Uruguay -el otro país de la región que no visitó Francisco- y Perú, su patria adoptiva. En la mañana de este viernes, el canciller Pablo Quirno reveló que se estaba por reunir con el presidente Javier Milei para darle la “buena noticia que hará feliz a todo el pueblo argentino”, en obvia referencia a la venida del pontífice.
Quirno aclaró entusiasmado -“que linda primavera”, dijo- que “solo resta definir la fecha”. Pero horas antes, un ex embajador de Uruguay en la Argentina, Carlos Enciso, había posteado en su cuenta de X no solo que vendrá antes de fin de año a los tres países, sino que lo hará en la primera quincena de noviembre, basado en “fuentes vaticanas” como parte de un “seguimiento diplomático”, según completaría luego en declaraciones a Radio Mitre.
En tanto, la Iglesia católica argentina viene mostrándose muy prudente a la hora de vaticinar la visita papal, mientras que el arzobispo de Montevideo, el cardenal Daniel Sturla, dijo que “hay un 80 % de posibilidades” de que lo haga antes de que finalice el año (en la web del Episcopado uruguayo se menciona el análisis de los aprestos). Y el arzobispo de Lima, cardenal Carlos Castillo, afirmó que “tiene la intención de venir” en noviembre.
Lo concreto es que el propio León XIV siempre manifestó su deseo de visitar los tres países. Lo reiteró ante los periodistas que lo acompañaron en abril en su gira por cuatro países de África, pero sin precisar la fecha. Y que el eventual anuncio lo hará la Santa Sede como es habitual en cada viaje papal. No lo anuncian ni los gobiernos de los países que visita, ni sus respectivas conferencias episcopales, más allá de algún aviso previo.
En medios eclesiásticos se especula con que el Vaticano haría el anuncio tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, previstas para el 7 de junio, donde las diferencias de votos entre los candidatos se presenta muy ajustada, porque el panorama político en ese país suele ser siempre muy conflictivo. O también se cree que sería para después de su visita a España, programada entre el 6 y el 12 de junio.
Por lo general, las visitas papales se anuncian con seis meses de anticipación para posibilitar el tiempo suficiente para ir preparando su organización que incluye no solamente las cuestiones logísticas y se seguridad, sino también los eventos y la disposición religiosa de los fieles. Un poco después se difunde el programa oficial: ciudades que abarca, celebraciones (generalmente misas) y encuentros.
La Argentina recibió dos veces a un papa. Fue a Juan Pablo II. Primero en 1982 durante la Guerra de Malvinas, ocasión en la que estuvo en Buenos Aires y Luján en el marco de una visita extraordinaria de 36 horas dado que antes fue al Reino Unido en un viaje programado. El papa polaco volvió al país en 1987 cumpliendo la visita tradicional que abarcó la capital, Luján y ocho provincias.
Se cree que León XIV, además de Buenos Aires y Luján visitaría Santiago del Estero, sede de la primera diócesis católica en lo que luego sería suelo argentino y donde nació la primera santa argentina, Mama Antula. Y Córdoba, donde nació, vivió y murió el primer santo cien por ciento argentino: el Cura Brochero. Pero podría abarcar otras provincias, por caso una de la Patagonia.
El gobierno -al igual que la Conferencia Episcopal Argentina- ya cumplieron con el requisito de la invitación formal por carta a León XIV. El canciller se la entregó en mano hace unas semanas. Los obispos lo hicieron el año pasado. La reciente designación del embajador de la Santa Sede en la Argentina era otra cuestión pendiente que allana la venida del pontífice.
La visita se producirá en un contexto de críticas de los obispos a aspectos del ajuste que lleva adelante el gobierno, en particular por su impacto en los sectores más vulnerables, que llevó a Quirno y a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, a convocar a la cúpula eclesiástica este jueves para exponerle durante una hora y medida las medidas sociales.
La sintonía de León XIV con el pensamiento de Francisco -que afirma incluso que Robert Prevost era el candidato de Jorge Bergoglio para sucederlo- anticipa que el pontífice puede llegar a tener en el país definiciones fuertes en materia social y recurrentes llamados a un mejor clima de convivencia con menos confrontación política como quería el argentino.
No sería lo único que podría incomodar a un Milei embarcado en el ajuste y muy confrontativo. También el contexto de las fuertes descalificaciones del presidente Donald Trump -con el que está férreamente alineado- a León XIV por oponerse a su ofensiva bélica en Medio Oriente y la réplica del primer pontífice nacido en los Estados Unidos.