
Entre la exigencia extrema y la falta de límites, la crianza parece moverse hoy entre dos polos que generan dudas, culpa y desgaste en muchas familias. Ante esto, es inevitable que surjan preguntas como: ¿Qué tipos de padres somos? ¿Hasta dónde debemos intervenir? ¿Cómo acompañar a nuestros hijos sin controlar de más?
Sobre esto reflexionó Shimi Kang, médica psiquiatra egresada en Harvard, en su libro The Dolphin Way: A Parent’s Guide to Raising Healthy, Happy, and Motivated Kids Without Turning Into a Tiger. A partir de su experiencia clínica y su trabajo con familias, describe tres estilos de crianza -tigre, medusa y delfín– que permiten entender no sólo cómo criamos, sino también qué efectos tienen esas formas en el desarrollo de los chicos.
El modelo del padre tigre es el más conocido y se asocia con una crianza autoritaria. Se trata de adultos que priorizan el rendimiento, con altos niveles de exigencia y control sobre la vida de sus hijos. «El éxito académico es una prioridad y el fracaso no es una opción», explica la autora en su libro.
En este esquema, las decisiones quedan en manos de los adultos y hay poco lugar para la participación de los chicos. “Los padres son la máxima autoridad y toman decisiones sobre lo que es mejor para sus hijos, sin contar con la opinión de éstos.”
Aunque busca resultados, este estilo tiene costos a largo plazo. “Los padres tigre usurpan el sentido de control interno y la automotivación de sus hijos«, agrega Kang.
En el extremo opuesto se ubican los padres medusa, caracterizados por una crianza permisiva, con pocas reglas y escasa estructura: “Tiene pocas reglas o expectativas y a menudo consiente demasiado a sus hijos.”
En este modelo, los chicos cuentan con amplia libertad, pero con poca guía adulta. “Los padres proporcionan poca orientación, lo que significa que los niños son libres de tomar sus propias decisiones sobre sus vidas.”
Para la experta, este estilo de paternidad también deja consecuencias negativa: “Los hijos de padres medusa tienden a carecer de autocontrol.”
Frente a estos dos extremos, Kang propone el modelo del padre delfín como una alternativa equilibrada: “Los progenitores delfín tienen reglas y expectativas, pero también valoran la creatividad y la independencia.”
Se trata de un estilo que combina firmeza con flexibilidad y que promueve la autonomía de manera acompañada. “Son colaborativos y utilizan la guía y el ejemplo para criar a sus hijos», sostiene.
Consultada por Clarín, la psicóloga Maritchu Seitún, especialista en orientación a padres, aporta una lectura que refuerza esta idea de equilibrio: “Los padres delfín toman lo mejor de los otros modelos: de los padres tigre toman la firmeza sin el autoritarismo ni la rigidez, y de los padres medusa toman la empatía, la capacidad de comprender lo que le pasa al hijo, sin el permisivismo.”
Para la especialista, cada estilo impacta directamente en los más chicos: «Esto redunda en una combinación de autoestima alta (por la empatía) y fortaleza de recursos (por la firmeza en las pautas). Los padres tigre tiene hijos con fortaleza de recursos pero autoestima baja, mientras que, los de padres medusa tienen autoestima alta pero no tienen recursos para desenvolverse en la vida».
Según Seitún, la sobreprotección subyace un mensaje de falta de confianza en el hijo, que es «muy diferente a mimar». Y agrega: «Queremos que nuestros hijos levanten vuelo y hagan su vida, no que se queden junto a nosotros para que les resolvamos los problemas».
Por último, la psicóloga subraya que los estilos de crianza no son fijos y que siempre es posible revisarlos. “Se puede cambiar el estilo de crianza, lo primero es darnos cuenta de lo que estamos haciendo y las ventajas de hacer cambios.”
“No es sencillo, nos vamos a equivocar y volver a los viejos modelos, pero seguiremos intentando sin rendirnos hasta automatizar el nuevo modelo», concluye.