
La vitivinicultura argentina, una de las principales economías regionales del país, concluyó su vendimia con una caída en la cosecha cercana al 10%. Los productores alertan sobre la rentabilidad del negocio por la suba de costos y la caída en los precios pagados por su mercadería.
Según informó el Instituto Nacional de Vitivinicultara (INV), la recolección de uvas registró una caída del 8% hasta los 18,29 millones de quintales, unos 1,5 millones de quintales menos respecto a la vendimia del año pasado.
En el desglose regional, la producción en Mendoza alcanzó los 13.147.187 quintales, registrando una baja en el volumen obtenido de casi 2 millones de quintales (-12%) mientras que en San Juan la cifra fue de 4.097.938 quintales, por encima de los casi 3,4 millones registrados el año pasado.
Si bien desde el INV remarcaron que en el primer cuatrimestre la exportación de vinos aumentaron un 17% interanual y que el consumo interno experimentó un incremento del 1,5% en los primeros tres meses del año, lo cierto es que las entidades que agrupan a los productores aseguran que la actividad está viviendo una dura crisis hace varios meses, que precios por debajo de los costos y abandono de las explotaciones.
De hecho, en el último informe sobre economías regionales elaborado por Coninagro, consideró que el sector se encuentra en una situación crítica, con una caída de los precios pagados al productor del 22% interanual, una reducción en el área productiva, una merma en el consumo interno proyectado del 10% para este año y un suba del 75% en las importaciones.
En este sentido, el presidente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Acovi), Fabián Ruggeri, comentó a Clarín Rural que el sector está atravesando un contexto “muy conflictivo” y que fue “muy difícil levantar la cosecha” de este año.
Al respecto, mencionó la falta de financiamiento para las labores, más allá de una línea especial que lanzó el Banco Nación, a la cual “a los productores les cuesta acceder”.
No obstante, el problema central radica en el precio que se le está pagando al productor por su mercadería, que hoy varía entre $240 y $275 por kilo, un valor que se ubica incluso por debajo de los registrados el año pasado.
“El precio de la uva sigue igual que el año pasado e igual que el anteaño pasado, con lo cual la rentabilidad de los productores está bastante baja. Eso es debido también en gran parte a una disminución en la ventas de vino y en la comercialización del producto por la pérdida del poder adquisitivo, que hace que no se pueda incrementar los precios ni siquiera acompañando la inflación, y eso se termina trasladando a los precios que se paga de la materia prima, verdad”, sostuvo Ruggeri.
Para el dirigente cooperativo, la realidad de la vitivinicultura no escapa a la actualidad de las economías regionales. Nuestro sector hoy está atravesando un proceso conflictivo, y vamos a ver, en la medida en que haya un mejor poder adquisitivo de la gente, si se recuperan algo las ventas. Pero también es muy necesario que el Gobierno empiece a acompañar con algunas medidas, especialmente en financiación e impositivas”.
Por su parte, el presidente de la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM), Gustavo Córdoba, sostuvo que la situación de la actividad es crítica y que los productores “están abandonando las fincas. En los últimos años hay entre 3.800 y 4.000 menos que hace seis años atrás”.
Según Córdoba, la razón que explica esta desaparición de productores radica en los problemas de rentabilidad del eslabón primario, como consecuencia de la caída de los precios pagados a los agricultores.
“Nuestros costos de producción elaborados por el INTA con mucha precisión son de $360 por kilo, pero a nosotros se nos pagó $240, igual o menos que el año pasado y en cuotas sin ajuste”, explicó.
Para Córdoba, “esto no tiene una explicación lógica, sino que es especulación por parte de los compradores, porque los despachos del primer cuatrimestre son mayores a los del 2025. O sea, que está habiendo un movimiento de vinos en la comercialización que no justifica que se haya pagado tan poco al productor”.
“Los graneles se están exportando, somos competitivos, hay un buen movimiento. También en la elaboración y exportación de mostos somos competitivos. Nos parece que a este sector, que generamos 100.000 puestos de trabajo, nos tienen que seguir acompañando y no poniendo palos en la rueda o atacando a instituciones como es el caso concreto de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) que logró la eliminación de las retenciones a las exportaciones, ayudar a conquistar mercados externos, a consolidar mercados y que ha apoyado a pequeños y medianos productores con los centros de desarrollo vitícola”, concluyó Córdoba.