Lionel Scaloni está enfocado. Enfocadísimo en estas dos semanas que le restan para salir a la cancha a defender el título de campeón. Respira, se acomoda en un sillón y se hace tiempo para charlar durante más de una hora con Olé. Y no sólo del Mundial que se viene: también de la vida. De lo que heredó de su viejo. Del espíritu de la Scaloneta. De la presión, el post Mundial 22, del presente y del futuro. Uno que, en lo inmediato, tiene el inicio de una nueva Copa del Mundo.
-Estás por arrancar tu cuarto Mundial, ¿te diste cuenta de ese dato?
-¿Cuarto por qué? ¿Por el que jugué? Es verdad que sería el cuarto. Es una sensación única, la verdad. Es seguramente el evento deportivo más importante del mundo para el que le gusta el fútbol y hay que disfrutarlo en la medida de lo posible. No tenía el registro porque tengo la cabeza puesta en que soy entrenador.
-¿Cuál es la diferencia entre aquella Copa del Mundo 2006, cuando eras jugador, y esta como entrenador?
-No tiene nada que ver con la sensación del día a día. Vos, como jugador, lo único en lo que pensás es en recuperarte, en estar bien. Y en el cuerpo técnico estás enchufado las 24 horas, la cabeza te da vueltas. Si hacés esto, si hacés lo otro, si te atacan por acá, por allá. El jugador no tiene eso en la cabeza. La verdad es que la diferencia es abismal. Cuando jugaba me interesaba la táctica, la estrategia para defender, atacar, cómo jugaba el rival, todo eso. Pero no estás todo el día pensando en eso y el entrenador, sí.
-Pero sabés cómo están viviéndolo ellos también.
-Sí, y hay de todo en el grupo. Hay jugadores que te consultan, te das cuenta de que están muy metidos en el tema, y hay otros que no, que van a lo realmente importante. Por eso, cuando damos información, damos lo que realmente creemos que es importante para ellos y no para nosotros, porque al final entrenamos para ellos.
-El cuerpo sí, ¿pero la cabeza?
-¡La cabeza…! Pero no creo que sea por el Mundial, sino que es algo de siempre. Siempre he sido un tipo que no para nunca de hacer cosas. Hoy en la Selección, antes cuando jugaba. Nunca desconecto, creo que en eso no he cambiado. Pero descansar y dormir es importante porque tenés que estar con las pilas puestas.
-¿Cómo está la Selección a días de empezar el Mundial?
-Estamos bien. Por suerte nosotros tenemos una base, tenemos muchos jugadores, diría del 60-70%, que son siempre los mismos. Y eso ayuda a que cuando te juntás, todas esas dudas se disipan: al conocerse, al saber cómo jugamos, qué es lo que queremos, ayuda a que si hay algo que no anda bien, esas cosas se minimicen. Imagino que todas las selecciones estarán de la misma manera, preocupadas por el inicio del Mundial, por que llegue la mayoría bien, porque estén lo mejor posible. Es muy difícil llegar al 100%, al máximo de las posibilidades, pero estamos bien.
-¿Tu papá te decía: “Cómo no vas a agarrar la Selección”?
-Mi papá es un tipo que no le tiene miedo a nada. A cero. Hace 12 o 15 años decía: “Leo alguna vez va a entrenar a la Selección Argentina”. Creo que estaba dirigiendo en Mallorca a los chiquitos. Y en esa época ya estaba con eso. Él nunca le tuvo miedo a nada. Y yo un poco de eso heredé de él. Y sobre todo porque creo que me sentía, no digo preparado para conseguir todo esto, pero sí para afrontar la situación y hacerlo con total responsabilidad. Y después de haber estado mucho tiempo acá, de haber pasado por Juveniles, uno va entendiendo lo que es jugar con esta camiseta y cómo los jugadores van progresando con vos y te van dando una mano porque, al final, le demos la vuelta que le demos, lo que más claro tiene que estar es que los que juegan son los jugadores. El entrenador es el que tiene el papel menos importante acá. Volviendo a lo de mi viejo, siempre fue un tipo muy positivo. Yo le decía: “Papá, no sé, el domingo jugamos con tal”. Y él me respondía: “No tengas miedo, no pasa nada, dale para adelante”. Bien tipo de campo. Y ese “dale para adelante” resumía un montón de cosas: que no tuviera miedo, que si perdés no pasa nada, al otro día te levantás y seguís.
-Fue una cultura que mamaste, porque ya cuando jugabas en Newell’s ibas e ibas para adelante.
-Siempre, en los grupos en los que estuve, era el que animaba al grupo. Cuando había una mala cara intentaba hablar con alguno. Siempre fui muy extrovertido. Y sí que lógicamente eso lo heredás. Mi viejo venía de Córdoba cargado de piedras, paraba en Pujato y nos buscaba y nos llevaba a entrenar a Rosario. Vos sabías el esfuerzo que hacía tu viejo y era el primero que te buscaba para salir. Tenía más ganas él que nosotros de entrenar. Eso te va marcando. ¿Si yo alguna vez quería no ir? Diría que nunca. Mi hermano era un poco más quedado, era más grande y había que ir a buscarlo a la casa de la novia, pero yo era un loco y lo seguía a todos lados a mi viejo. Era la ilusión que él tenía. Hoy eso está mal visto: el padre que está atrás y le dice al nene que vaya a jugar. Los tiempos han cambiado, pero eso creo que tendría que seguir: tener un papá que te apoye, que te aporte cosas, que te saque los miedos que podés llegar a tener. Sin él no hubiéramos llegado ninguno de los dos a jugar ni siquiera en Primera División.
-¿Tu viejo te reta igual que cuando eras chico?
-Je, no. Ahora mi papá ya está grande, pero no, la esencia es la misma. Su fuerza de voluntad, con todos los problemas que ha tenido… Sigue siendo un guerrero, está ahí dándole guerra a la vida y eso que te demuestra nos sigue dando esa fuerza a todos. No va a cambiar. Y yo intento que mis hijos no cambien, que sean así, más allá de que hayan nacido en España. Intentamos que sepan lo que es nuestra cultura, nuestra manera de ser y creo que se sienten muy identificados. Salieron un poco como nosotros éramos de chiquitos.
-Tu imagen en Navidad, sentado en la vereda del pueblo. Más allá de la viralización en las redes, la imagen es de la naturalidad pura.
-Si vivís en un pueblo, sabés que eso es lo que hay en el pueblo. Vos estás sentado ahí afuera, pasa la gente y te saluda. Es que no entiendo por qué tendría que cambiar. Esa es la realidad, ¿por qué no? ¿Por qué cuando pasó lo del Mundial tenía que haber cambiado? Intenté seguir siendo el mismo y creo que fue mejor, porque si me refugiaba iba a ser todavía peor de lo que pasó. Entonces, siendo lo que soy, después del Mundial venían a casa, hacían cola y yo salía a firmar. Pero mi casa es una casa de pueblo. Estás ahí, tocan la puerta, se asoman por la cortina y es así. Resume un poco lo que somos como familia y creo que a la Argentina también la identifica un poco al final. Somos así.
-¿Al equipo lo identifica también esto? ¿Sentís que tu equipo tiene esto?
-Sí, nosotros siempre hablamos de que ellos, y creo que también lo ha dicho Luis Enrique, son solo jugadores de fútbol, no son más que eso. Y yo soy solo entrenador, no soy más que eso. No por ganar podés tomar la decisión que quieras. No sos más importante que nadie dentro del país. Seguís siendo un jugador de fútbol que le trae alegría a la gente. Confundir eso sería un error. Y es verdad que hay momentos en los cuales vos estás desbordado, podés tener un desliz y eso está recontra permitido, sobre todo en estos chicos, por toda la responsabilidad que llevan. Pero siempre hay que conservar la cabeza sabiendo que no son más que nadie por ganar. Y de la misma manera, cuando perdés, bueno, perdiste y no sos el peor del mundo. Ese equilibrio es importante. Hacerse mala sangre, si perdés, no hay ningún problema. Pero la vida sigue. Es lo que intentamos hacerles entender a ellos. Creo que lo han entendido, lo llevan muy bien y es importante que sea el reflejo de toda una sociedad.
-Y en este momento, marcando esta situación sentimental, ¿es una presión ir a defender el título de campeón del mundo?
-Al final vos sabés bien que cada vez que Argentina va a jugar un Mundial siempre es protagonista. Entonces no va a cambiar, no va a cambiar. No sé, ahora que me dijeron que voy a estar en cuatro Mundiales… En 2006, la expectativa era enorme, un equipazo, y no se consiguió el objetivo, pero para mí fue una Selección increíble, que marcó una época, que jugó bien. Después no se ganó, pero no pasa nada. Entonces se fue como protagonista y Argentina seguirá siendo protagonista. Después la pelota puede entrar, no puede entrar. El tema es saber a lo que vamos, saber respetar nuestra tradición, respetar nuestra cultura y después la cancha dirá lo que tenga que decir. Pero que Argentina siempre es una de las que anima el Mundial, eso es más que evidente.
-Hablaste hace poquito en una entrevista que había diez candidatos a ganar el Mundial. ¿Argentina está entre esos diez?
-¿Diez? No sé si no me quedé corto. Sí, porque en un Mundial, claro, Argentina va a estar. No sé si va a ganar, pero esos diez o doce van a pelear e intentar llegar a la final. España, Francia, Portugal, Inglaterra, Brasil, Colombia, Uruguay también, Argentina, Marruecos… No sé ni cuántos nombré, ya estoy olvidándome de alguno. ¡Croacia, me olvidé de Croacia! De algunos me olvidé también, pero al final, el Mundial, ¿qué te voy a contar? No sólo basta con jugar bien, con ser protagonista, con que sea una selección grande, después se te tienen que dar un montón de factores para que el camino se te allane. Nosotros creo que, de las últimas selecciones que ganaron, fuimos una de las que más piedras tuvo en el camino. Porque perdimos el primer partido, porque nos empataron en el último minuto contra Holanda y fuimos a penales. Con Francia ganábamos 2-0 jugando bien y nos empataron. Dentro de todo, fuimos una de las que más piedras tuvo en el camino, una de las que creo que merecidamente llegó a la final y aun así estuvo a nada de no ganarla. Imaginate lo difícil que es. Pudimos quedar con Holanda afuera, pudimos quedar sin ganar la final y en la fase de grupos pasó lo que pasó.
-Los jugadores reconocen que en el partido contra México estuvieron asustados…
-Porque era un partido bisagra, que muchos no habían jugado nunca, el ambiente era el que era y México era un buen equipo y nos había planteado una manera de jugar diferente a la que venía haciendo. Eso nos sorprendió también un poco. Entonces el primer tiempo fue un poco una toma de contacto sin hacerse mucho daño los dos equipos. Y bueno, ya el segundo fue diferente, tomamos la rienda del partido, el equipo se hizo cargo de la pelota.
-En el segundo gol de Argentina contra Francia en la final, por la forma en la que se dio, ¿qué sentíste?
-Ahí no me di cuenta, de hecho creo que me di cuenta después cuando empecé a ver en los videos. No me había dado cuenta de magnitud, tan lindo. Yo recuerdo ahí que que le digo a Julián que presione y tal, pero no recuerdo mucho más que eso. Todo lo otro después lo volvimos a ver, a lo mejor el resto del cuerpo técnico lo ve o los chicos del banco de suplentes. Yo no lo recordaba que hubiera sido tan bueno.
-¿Esta Selección no se deja renovar? ¿Qué es lo que tiene este espíritu de esta Selección que hace que buena o una buena parte de los campeones del mundo sigan formando parte?
-Los que siguen es porque han demostrado querer estar, no porque no lo hayamos intentado. Hemos intentado traer un montón de jugadores y al final los que siguen estando es porque lo merecen y están vigentes. Y los que no están, por diferentes motivos, no están: Fideo merecidamente dejó de venir porque su carrera ha sido un cuento de hadas, creo que el resto forma parte del proceso normal. Ota ya dijo que después del Mundial se va. ¿Cómo hacés para reemplazar a Di María? ¿Cómo hacés para reemplazar a Otamendi cuando no esté? Imposible. Tenés que intentar, bueno, desde otro aspecto, buscar otro tipo de jugadores, otra manera de jugar, pero es imposible reemplazarlos y eso es algo que habrá que hacer en un futuro. Pero yo creo que los que están están porque lo merecen, sinceramente.
-Leo, es difícil pensar después del Mundial, pero está arriba de la mesa el tema de tu continuidad, si tenés ganas de seguir, si te lo van a ofrecer, si estás charlando. ¿En qué situación se encuentra eso?
-Con el presidente, con toda la gente, estamos más que bien. Y yo creo que hoy tampoco es importante meter el foco en eso. Al final, como soy tan natural -dicen que soy siempre de la misma manera-, si tengo que sentarme a hablar, buscaremos la mejor solución para todos. Y lógico que yo siempre dije que estar acá es algo único y el día que me vaya, me arrepentiré. Algún día pasará, eso es evidente. Pero sí, sí, reconozco que esto es un lugar soñado, siempre lo he dicho, y que estoy muy bien, estamos muy bien con el cuerpo técnico y ya veremos. Hay un Mundial en el medio y después veremos, pero hay predisposición de las dos partes y eso es lo más importante.
-Por eso es algo que vas a resolver después del Mundial.
-Sí: la cabeza ahora está puesta en lo nuestro y lo otro realmente, al lado de esto, es mínimo, porque en cinco minutos, si todos estamos de acuerdo, se llega a un buen puerto.
-Muchos técnicos que tuviste hablan de que a Scaloni ya se le veía otro interés desde lo táctico o estratégico. ¿Hay algún jugador en la Selección que vos veas con ese perfil?
-Bueno, pero yo no creo que eso sea importante porque te puedo poner un montón de ejemplos de jugadores que a lo mejor nunca pensabas que iban a ser entrenadores y hoy son grandes entrenadores. Yo creo que el fútbol va más allá de eso. Hay diferentes maneras de ser un entrenador, diferentes maneras de liderar, digamos, y yo sí que en eso sí creo. Sí es verdad que lo que es manejar un grupo creo que forma cada vez una parte más importante de llevar un equipo, de que tengas éxito. Hablo sobre todo a nivel selecciones; a nivel equipo, a lo mejor ahí ya es diferente. Siempre fui un loco del fútbol, siempre fui el primero en escuchar, el primero en ayudar. Rara vez he tenido mala cara. Son cosas muy puntuales, pero siempre por delante el equipo. De hecho, los últimos años jugué poquísimo. Tenía mi edad, no era el jugador que era antes, había tenido una lesión importante, pero los entrenadores rescataban que yo, cuando faltaban 4 o 5 minutos y había que hacer un cambio porque había que perder tiempo, entraba. Yo tenía treinta y pico años, había jugado un Mundial y los técnicos decían que estaba loco, que este se podía quedar ahí, y yo estaba calentando y decía: “Estoy disponible”. El equipo te necesita por equis motivo y tenés que estar disponible. Y yo creo que eso sí lo he hecho toda la vida.
-La gestión de estrellas es un desafío. ¿Cuánto te ayudó haber compartido vestuario en la gestión de Messi?
-Al haber sido compañero, hay cosas que te juegan a favor, porque al final lo conociste en otro aspecto. Porque al final hay una distancia que tenés que marcar, porque entre cuerpo técnico y jugador siempre hay una distancia. Pero haber conocido el día a día, haber compartido vestuario, te da una cierta ventaja. Y después también ser natural: hay momentos y momentos para hablar tanto con él como con cualquier otro jugador, y siempre con la verdad por delante. Yo creo que es importante ser sincero. No sólo hablar de fútbol es fundamental. La vida de ellos pasa por un montón de cosas y no sólo por la pelota. Tienen problemas como todos nosotros. Sentarse a tomar unos mates, como lo hemos hecho con un montón de chicos, con Messi también, y hablar de la vida. Creo que es importante ese descanso de la atención puesta sólo en la pelota.
-¿Cómo fue la primera vez que lo llamaste para contarle que eras el DT?
-Lo llamamos antes del torneo de L’Alcudia con Pablo para decirle que íbamos a agarrar como interinos. Él se sorprendió, se reía, nos decía: “Ustedes están locos”. Sabíamos que él no iba a venir a esos partidos. Después, cuando empezaron a pasar esos partidos y nos confirmaron, lo llamamos para decirle que queríamos que volviera. Él siempre decía: “No sé, no lo tengo muy claro”. Y al final se desvive por la Selección. Nosotros sabíamos que si lográbamos tocarle esa fibra, volvía. Y volvió, e intentamos que estuviera contento, sobre todo porque era un momento en el que había una reestructuración y había muchos chicos que no lo conocían. Y lo que él genera es muy difícil de explicarlo. Yo puedo estar tirando conceptos acá una hora, pero hay que vivirlo en vez de explicarlo. Lo que él genera cuando entra a un vestuario, cuando entra a un salón…
-¿Cómo lo sacás del póster ahí?
-Hablando con los demás y entendiendo. Pero la generación de ahora es bastante más echada para adelante. No tienen problema de sentarse a hablar, pedir una foto o lo que sea. Antes era diferente. Cuando estaba en Newell’s, por ejemplo, yo jugaba con el Tata Martino, con Fabián Basualdo, con Siviero… cuando los veía no te animabas a hablarles, te daba cosa. Entonces vos hacías la tuya. Y ahora ha cambiado para mejor. Todo eso ha mejorado para que pueda haber un acercamiento y eso fue lo que pasó. Se fue dando de manera natural y armando un grupo muy lindo para que él se sintiera cómodo.
-Y de esa charla inicial a ser el técnico con el que Messi pudo ganar cuatro campeonatos en la Selección Argentina. Y ahora está por jugar su sexto Mundial. ¿Cómo convive todo eso?
-Él va a jugar hasta que él quiera porque ya sabemos lo que es y no sorprende que juegue su sexto Mundial. ¿Cómo va a sorprender? Lo que sí sorprende es que haya ganado sólo cuatro títulos en la Selección. Estuvo a nada de ganar dos Copas América más y un Mundial. A nada y creo que totalmente inmerecido. Tendría que haberlos ganado. Entonces la línea es muy fina, pero ha demostrado unas ganas de querer estar increíbles. Es un ejemplo para los chicos que lo ven y dicen: “Mirá, lo sigue intentando, quiere estar, quiere estar, quiere estar”. Eso es el mejor ejemplo que tenemos. No ha cambiado mucho, él sigue siendo el mismo, sigue siendo competitivo, va a jugar su sexto Mundial y tiene las mismas ganas. Y no creo que cambie, es el ejemplo que se quiere dar para un futbolista. Mirá, no es lo que ganás, no es cómo jugás, sino cómo te tomás las cosas y eso es lo que intentamos hacerle entender a los chicos. Se dan cuenta.
-Ese concepto de que es “el equipo”, que él estuviera llorando al tener que salir en la final de la Copa América, ¿es ese ejemplo?
-Él quería jugar a la pelota, él quiere seguir jugando más allá de la situación de una final. Salir de la cancha, eso es terrible y sobre todo porque ha sido con nosotros tan noble: hay cosas que no puedo contar de cómo ha jugado él con nosotros. Y vos decís: para que salga es porque realmente algo pasa. De hecho, después de aquella final estuvo no sé cuánto tiempo de baja. Te da la pauta de lo que es. Son ejemplos que para mí tienen que quedar para siempre. O sea, vos ves esa imagen y decís: “¿Para qué llorás si ganaste un Mundial? ¿Qué problema tenés?”. Y no va por ahí, sino porque quería seguir jugando a la pelota, jugar con sus compañeros. A veces con palabras es difícil de explicarlo, basta con ver las imágenes.
-A veces ves que se enoja en un partido común y corriente de liga, ¿cómo te podés seguir enojando por un córner en un partido en tu club?
-Creo que todo nuestro trabajo, el de ustedes… No te quedás porque te fue recontra bien todo un año. No, vos querés siempre más. Esa es la señal de que creo que es una persona competitiva. Y en el caso de él, lo mismo, todos queremos siempre más. El que se aburguesa, el que dice “bueno, hasta acá llegué”, es difícil que consiga algo. Él sigue siendo el mejor porque siempre quiere más y demuestra querer más. Entonces es una señal, un ejemplo realmente de lo que uno quiere de un futbolista ejemplar.
-Hablaste mucho de que a Leo no le gusta salir… En un Mundial con más partidos, ¿hay una idea de que va a tener que regular como está haciendo con el Inter Miami en la MLS?
-Cada decisión que hemos tomado, la hemos hablado con él. Es inútil que yo me ponga a decir acá que decido yo: en el caso de él, y creo que es merecido, voy siempre a hablarlo y le pregunto cómo está, y vemos si llegamos a un acuerdo. Yo creo que así tiene que ser, porque repito, él, aun estando en la cancha con un montón de dificultades, nos ha dado un montón. Entonces hay veces que hasta es mejor que esté en dificultad por todo lo que genera.
-El rival no lo saca del póster.
-Y además no sabe cómo está. Solo el estar adentro de la cancha para nosotros es increíble. Pero también está su estado de ánimo, cómo lo ves. De hecho, creo que contra Colombia, acá, cuando estábamos con diez, él me hace señas para salir y lo hizo. Entonces son momentos, son decisiones que uno va tomando y va viendo en el día a día. Es inútil decir ahora que tenemos un plan si después está volando, ¿qué plan? El plan que tenía no existe: es llevarlo e ir viendo cómo está, qué sensaciones tiene y después ya tomaremos decisiones.
-Y si tenés que dejarle un mensaje a la gente de cara al Mundial.
-Es que vamos a dar el máximo, que este equipo está capacitado para afrontar el desafío. Más allá de que, como siempre decimos, la pelota después puede entrar o no entrar, vamos a intentar que ellos se sientan identificados. Como siempre decimos, que cada jugador que salga a la cancha sea uno más de ellos. Eso es lo que garantizamos. Y después, a partir de ahí, si entra la pelota mejor.
-Lionel, a días de empezar el Mundial, ¿cuánto disfrutaste del camino desde ser campeón del mundo hasta esta previa?
-Después del Mundial, tuve momentos, no diría duros, pero sí de sentirme sobrepasado, que creo que fueron hasta lógicos, en los que yo tenía que plantearme algunas cosas. No sólo a nivel deportivo, también familiar. Y cuando más o menos me ordené, volvimos, diría, a disfrutar. Se volvió a ganar la Copa América, el equipo demostró estar bien, a jugar bien. Creo que seis meses o un año después del Mundial empezamos otra vez a disfrutar de este equipo y de lo que hacíamos. Pero después del Mundial hubo momentos en los que yo no sabía mucho para dónde ir.
-¿No podías disfrutar de tanto cariño que estabas recibiendo alrededor?
-Mientras estaba con la gente no me pasaba: el cariño de la gente fue lo mejor que me pasó, sin dudas. Ahí sí que te das cuenta. Lo que pasa es que cuando llega el momento de tranquilidad, de soledad, cuando te vas de Argentina para ver a tu familia, se te vienen muchas cosas a la cabeza, muchas dudas. ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo continúa esto? Bueno, fueron esos momentos que al final los sacamos adelante, pero desde la sinceridad, porque al final era lo que necesitábamos: ser sinceros. En mi caso, aclararme. Y eso me dio mucha fuerza para poder seguir y para que nuestro grupo de trabajo -cuerpo técnico, jugadores, cuerpo médico- se diera cuenta de que lo que venía también iba a ser fuerte.
-Aimar dice que de un Mundial no se sale ileso. Y vos hablaste de tsunami post Mundial…
-Aun intentando ser normal, ser la persona que soy, pasa eso. Aun normalizando la situación, no deja de ser estresante. Te encontrás con que sos el foco de todo durante un tiempo y, si no lográs encontrar un equilibrio, puede ser contraproducente. Y bueno, yo estaba equilibrado, nunca me desequilibré. Creo que por eso me pasó todo lo que me pasó ese año: porque intentaba ser normal, abierto con todo el mundo, responderle a todo el mundo, saludar a todos. Y llega un momento en que te desborda. No podés, porque el cuerpo te dice basta. De hecho, me salió un herpes zóster. Fue tres meses después del Mundial, cuando el cuerpo se relajó. Ahí empecé a tener unas secuelas. Lo saqué adelante con naturalidad. Lo mejor que hicimos fue actuar con naturalidad, porque si a lo mejor vos te recluís o hacés lo que no sos, seguramente sería todavía peor. Había que aguantar el temporal, ese tiempo. Pero no siempre lo que se ve, o cuando se gana, es todo perfecto. Tiene un precio, eso está claro.
-Vos en general sos natural. ¿Tuviste que en algún momento decir: “Tengo que serlo más porque se está esperando esto de mí”?
-No sé tanto si por mí, sino por todo el grupo de trabajo de la Selección. Al final sabemos, y soy el primero que lo sabe, que esto continúa, no para. La historia está ahí, quedará, pero la pelota sigue rodando. Entonces, al no parar, vas generando siempre más expectativa y la ilusión de la gente genera más expectativa. Todo va sumando a la responsabilidad que uno tiene de intentar mejorar siempre al equipo. A veces se puede, a veces no. Y si le sumás lo que ganaste y que tenés que estar siempre ahí, bueno… eso hace que sea todavía más estresante.
-¿Qué fue lo que te reequilibró a fines de 2023?
-Lo más importante es ser sincero. Expresarlo con toda la gente que me rodea, con mi familia, con el cuerpo técnico, con algunos jugadores con los que también lo comentamos, con la gente de la AFA. Cuando lo expresé me saqué un peso de encima, más allá de que después el tema mediático fuera diferente. Pero a mí me sirvió para expresar lo que realmente estaba pasando. Y al final fue positivo haberlo hecho porque, a partir de ahí, me di cuenta de que había con qué, había con qué seguir. Muchas de las preocupaciones que podía tener se fueron y eso fue positivo.
-¿La respuesta grupal fue más positiva de la que vos esperabas a partir de lo que planteaste?
-Sí, pero no lo decía para ver la respuesta de los demás, sino para que entendieran la situación, para que todo el mundo supiera que no por ganar estaba todo bien, que había cosas por hablar, por corregir. Cosas que iban a venir y que había que saber si realmente estábamos capacitados. Fue algo más personal que una búsqueda de reacción grupal. Es verdad que ver cómo la gente me apoyó me dio un buen empujón, pero era más que eso. Incluso con el cuerpo técnico lo hablamos; ellos entendieron la situación.
-Dentro de esa naturalidad que tanto destacás, apenas terminaste el torneo de L’Alcudia te emocionaste. Cada vez que hacés una charla o te despedís en cada fecha, te emocionás. En la charla técnica previa a la final te emocionaste. ¿Eso es parte de lo bien que te sentís en el grupo? ¿Es como sos vos?
-Soy de lágrima fácil, es verdad. Soy bastante emocional. Si le sumás a eso gente que conocés, que querés, que apreciás, eso es una bomba de tiempo. En algún momento explotás. Y no he podido seguir un montón de charlas técnicas porque no me daba el alma para seguir. Al final, lo que siempre les decimos es que somos uno más de ellos, no nos diferenciamos. Cualquiera de nosotros, si tiene que dar una charla a estos chicos… Se te vienen millones de recuerdos a la cabeza. La mayoría se emocionaría, porque estamos en una situación muy privilegiada. Y poderles contar a ellos que van a jugar un partido que han soñado toda la vida, ¿cómo no te va a emocionar eso? Porque al final yo creo que jugamos al fútbol para esos momentos. Lo seguiré haciendo porque es imposible controlar eso. Por más que venga alguien y te diga: “Lo tenés que hacer de esta manera, respirá así o así…”. Es imposible. Dejaría de ser natural. Aparte, ver la cara de todos los jugadores ahí… Eso no hay quién te lo pueda enseñar a controlar, porque ese momento sólo se vive ahí. A mí la verdad me gusta.
-Pero en la charla previa a la final nadie te pudo hacer el aguante del cuerpo técnico…
-Claro, creo que le dije a Pablo: “Seguí vos”. Al Ratón, a Walter. Y todos empezaron a pucherear, porque era lógico, y los chicos se reían. Era una sensación un poco extraña. Al final logramos sacarla adelante, pero bueno, forma parte un poco de lo que pretendemos que entiendan ellos: por qué estamos acá, por qué jugamos para la Selección, que entiendan lo realmente importante. Porque, más allá de jugar bien, hay una cultura, una tradición, gente detrás que está esperando no sólo ganar, sino saber que su equipo está y que son uno más de ellos. Esa es la realidad.
-¿En eso genuino está un secreto de la conducción, sobre todo para la gestión del éxito?
-Hay maneras de liderar un grupo, de llevar adelante un grupo. La nuestra es ser como uno es. Y es verdad que en una Selección es mucho más fácil que en un club. Acá vienen todos con una predisposición absoluta, máxima. Rara vez alguno se puede enojar porque no juega; y si se enoja, son cinco minutos, porque después está a disposición del equipo. En un club los tenés todos los días y es otra gestión. Uno intenta siempre hablar con ellos, no bajar los brazos, no decir: “Bueno, ya no lo entendió”. Hablar e intentar explicarle los motivos, que son siempre los mismos: por delante está el equipo. Más allá de cualquier cosa que uno pueda pensar, de que hay un problema personal conmigo… No. El equipo, el equipo, el equipo por delante. Y esa es una línea que nos ha llevado del primer día hasta hoy a que ellos sepan que, si no juegan, es porque el entrenador pensó que era lo mejor para el equipo. No hay nada detrás. La realidad es que el técnico no te pone porque piensa que el equipo va a jugar mejor de otra manera. Pero es importante hacérselo entender al jugador.
-¿Siempre fuiste tan emocional? ¿Fue creciendo con la paternidad, con ver a tus padres más grandes?
-No sabría decirte. Por ejemplo, ganamos la Liga con el Depor y creo que no lloré. Fue una alegría enorme. Ganamos después la Copa del Rey también y no lloré. Gané el Mundial de Malasia y no lloré. Puede ser que con el paso del tiempo seas más consciente de todo. El hecho de que esté tu familia en el estadio, de que representes a tu país, eso te juega, lógicamente. Es evidente que el cariño y el corazón juegan un papel importante. La responsabilidad de saber que hay todo un país detrás. No recuerdo haber llorado desde 2015 para atrás.
-De hecho, viendo fotos tuyas viejas en festejos, estás siempre sonriendo. Quizá fue luego del nacimiento de tu primer hijo…
-Puede ser. Bueno, cuando me retiré en el Atalanta, que no se enteró nadie, el míster me hizo jugar 15 o 20 minutos contra el Milan. Estaba mi papá y yo creo que ahí sí, ahí sí me emocioné. La hice muy fácil: me retiré, no se enteró creo que nadie, no me hicieron ni un homenaje como correspondía, ja. Pero sí, mi papá y yo lloramos. Estaba mi esposa e Ian, que en ese momento era chiquito, en la cancha.
-Hablando de gente famosa, te tocó mucho hacer de actor este año con el tema de las publicidades. Y, si no hicimos mal la cuenta, nunca fuiste a la mesa de Mirtha. ¿Es así?
-No, no fui. Me invitó, me invitó, y por una cosa u otra… De hecho, en la publicidad está grabado. Tiene razón, tiene razón que no fui. Y en el tema de las publicidades, al final, a veces estás como un poco obligado. Más allá de que a uno le cuesta un poco, son cosas que se dan.
-El tema es cómo actuás vos…
-Horrible, ¿no? Una sesión que tiene que durar una hora y media dura como cinco, seis o siete.
-¿Quién te critica más?
-¿Quién me critica? No, porque no viene mi familia. La hago solo, entonces no me ven, porque si no se morirían de la risa. Pero bueno, es lo mismo. Y el problema son las eses: me ponen cosas con “s” y yo les digo: “Escuchame, escuchame…”. “No, bueno, decila natural”. Y cuando intento decirla no me sale, o sea, me trabo. Pero sí, es verdad que esto fue uno de los aspectos que hablábamos: después del Mundial te vienen un montón de cosas. Pero bueno, con naturalidad creo que lo sacamos bien adelante. Y con respecto a Mirtha, bien, estuvo muy bueno.
-¿Cómo fue el encuentro?
-Increíble. La verdad que conocerla, yo creo que cualquier argentino querría hacerlo, y yo la he tenido ahí. Espectacular. Un momento muy lindo y muy emotivo haber podido hacer algo con ella.
-Sos también muy fierrero y conociste a Colapinto. ¿Cómo lo ves? ¿Qué te parece todo lo que está generando?
-Es muy bueno. Yo toda la vida fui fierrero y tener un piloto en la Fórmula 1 para nosotros es algo increíble. Mi hijo es fanático, fanático. Me manda mensajes, me avisa a veces por los horarios… El más grande es terrible. Se compró todo de Colapinto, del equipo, está enamorado. Y para nosotros, imaginate, yo creo que somos un país fierrero también, no sólo futbolero.
-¿Siempre seguiste el autmovilismo?
-De chiquito, para mí, ir a ver Turismo Carretera era espectacular. Los fierros fueron toda nuestra pasión. Y tener a un piloto, a Franco en este caso, y que encima le esté yendo muy bien… Creo que hoy el coche, sin entender mucho, tampoco voy a hacerme el entendido, lo está ayudando y él lo está haciendo muy bien. Así que muy bueno, muy bueno. ¿Sabés lo lindo que es un fin de semana de Fórmula 1 esperando verlo correr la clasificación? Ahora que está esta carrera sprint hay un montón de cosas más. Uno se levanta para verlo a él. La verdad que es muy bueno. Lo conocí en Bélgica, un ratito, porque yo también sé lo que es estar ahí antes de una clasificación, entonces intenté no molestar mucho y ya está. Me bastó para ver que es un pibe bien, espectacular. Y ojalá le vaya bien.
-Futbolero, fierrero, fanático de la bici. ¿Qué otra cosa hace Scaloni fuera del deporte?
-No salgo de esas. ¿Series? Pocas. Ahora a ver si me engancho a alguna en estos momentos en que estamos concentrados, pero no es esa mi vida. De hecho, es bastante aburrida, porque al final es ver partidos de fútbol, andar en bici, verlos jugar a los nenes al fútbol con mi esposa, llevarlos a entrenar siempre que puedo, Intento no perderme ningún entrenamiento.
-Me imagino al técnico de tus hijos con el técnico campeón del mundo ahí afuera mirando.
-Ahora ya es natural. Antes, quizás el primer año, llamaba más la atención. Pero ahora, como son los mismos chicos, ya más o menos me conocen y para ellos es natural. Y está bueno. En el club donde están también están cómodos. Pero bueno, esa es una vida como la de cualquier persona que lleva a su hijo a entrenar, después prepara la cena para los nenes y al otro día los lleva al colegio. Y cuando los llevo al colegio aprovecho yo para salir en la bici.
-Y ahora hasta tenés tu propia serie…
-Espero que la gente la disfrute. Al final se trata de mostrar lo que somos nosotros como cuerpo técnico, un poco el corazón del día a día; que hablen los chicos también y cuenten nuestra manera de ver las cosas. Está bueno. Se hace un poco también para todos estos chicos que nos ven ahí arriba, para que vean que somos normales, muy normales, y que alguno de ellos algún día puede estar en este mismo lugar. Esa es la idea de todos, desde el día que nos sentamos como entrenadores de la Selección: que ese sueño se puede cumplir. Es la realidad.










