Estaba claro que no todos en Alemania iban a aceptar que ‘Valkiria’ estuviera protagonizada por una estrella americana, pero Tom Cruise decidió que no iba a salir del proyecto de ninguna de las maneras. Tenía razón, y acabaron adorándole
Si no viviste la época en la que Tom Cruise fue odiado por todo el mundo, es difícil entender esta historia. Corría 2008, y Cruise, tras el espectáculo del sofá de Oprah Winfrey con el que trató de promocionar La guerra de los mundos, descubrió cómo su mundo se venía bajo. Misión Imposible III recaudó mucho menos que las dos anteriores y el teléfono dejó de sonar. Tanto, que él mismo tuvo que buscarse maneras de llamar la atención, bien fuera como el mítico Les Grossman de Tropic Thunder, haciendo pequeñas películas como Leones por corderos o volviendo a su faceta de actor serio en Valkiria.
Nadie te quiere aquí
A priori, Valkiria era una película sencilla. Cruise interpretaría al Coronel Claus von Stauffenberg, una de las personas que ideó la Operación Valkiria para asesinar a Hitler y tomar el control de Alemania, pero pronto se encontraron con un golpe inesperado: los propios alemanes rechazaban al actor de plano. No por la escena del sofá, sino porque el actor era una de las caras más visibles de la Cienciología, considerada una secta peligrosa en Alemania. Así, les prohibieron rodar en cualquier institución militar del país.
No fueron los únicos que se opusieron al rodaje: la hija de Stauffenberg, Berthold Maria, afirmó que no boicotearía el rodaje, pero sí esperaba que Cruise dejara por sí mismo el papel, afirmando que «Temo que del proyecto solo salga algo terriblemente kitsch. Está destinado a ser basura. Cruise debería quitar sus manos de mi padre«. Efectivamente, no le sentó nada bien, pero la parte buena es que el gobierno acabó cambiando de opinión y permitiendo que la película se rodara en el país. Algo es algo.
United Artists
Durante el rodaje hubo dimes y diretes, con gente que incluso comparó a Cruise con Joseph Goebbels y afirmó que su protagonismo en la película sería la misma propaganda para la cienciología que las olimpiadas de 1936 para los nazis. Al final todo salió bien, el actor ganó un premio al coraje en el país por contar una historia que no se había contado antes y la película fue un relativo éxito de taquilla, llevándose 201 millones frente a los 90 que costó. Para todo lo que pasaron, ¡ni tan mal que acabó!