«Me siento muy bien. He trabajado mucho para sentirme así desde lo físico. Fueron momentos duros con la lesión y es ahí donde tiene que mostrar su verdadera personalidad y luchar». Con ese mismo nivel de precisión con el que defiende, Lisandro Martínez también es capaz de definir su esfuerzo para llegar al Mundial. A los 28 años, en su segundo torneo FIFA, el zaguero está cosechando los frutos de un proceso que encaró enfocado en recuperar su mejor versión.
El camino hasta este presente no fue sencillo para Lisandro. La recuperación estuvo marcada por momentos complejos, especialmente cuando el regreso parecía estar cerca y todavía debía esperar. En ese lapso nunca perdió el vínculo con la Selección: incluso sin haber vuelto a jugar con el Manchester United acompañó al grupo en concentraciones y viajó a Angola únicamente para estar cerca de sus compañeros.
También llegó al Mundial impulsado por un cierre de temporada de alto nivel en el Manchester United, donde recuperó el liderazgo defensivo y fue una pieza importante para la clasificación del equipo a la Champions League. Pero su verdadero diferencial va más allá de cualquier estadística. Lisandro no es únicamente un marcador central que resuelve situaciones defensivas; es un futbolista que modifica la identidad de sus equipos.
Martínez es capaz de neutralizar a delanteros de élite y, al mismo tiempo, de convertirse en el primer organizador desde el fondo. En esta Selección campeona, donde cada detalle cuenta, su zurda sigue siendo uno de los cimientos invisibles sobre los que Argentina construye buena parte de su juego. En este Mundial lo demostró en los dos primeros partidos del grupoen los que se ganó un lugar por encima de Nico Otamendi.
Licha no sólo cerró espacios, anticipó y ganó duelos: también fue primer pase, inicio de la circulación y una de las usinas futbolísticas de una Selección que muchas veces comienza a construir desde su zurda. Los números respaldan esa sensación. Completó 134 de los 140 pases que intentó entre ambos encuentros, con un impresionante 95,7% de efectividad y un 96% de precisión en cada uno de los partidos.
Una estadística que refleja mucho más que una buena puntería: habla de la seguridad que genera en sus compañeros y del protagonismo que asume para sacar limpio al equipo desde el fondo. Cada posesión importante suele pasar por él antes de cruzar la mitad de la cancha: llegó a ser el jugador al que más se buscó para una descarga confiable.
Su aporte defensivo tampoco admite discusiones. Ante Argelia ganó el 100% de los duelos que disputó, una actuación impecable que marcó el tono de una defensa prácticamente inexpugnable. Frente a Austria volvió a imponerse desde arriba, quedándose con el 75% de los duelos aéreos gracias a su lectura de juego, su timing y su agresividad para anticipar.
A esa inteligencia táctica le suma un despliegue físico que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Acumuló 17,8 kilómetros recorridos en 180 minutos, alcanzó una velocidad máxima de 29,6 km/h y sólo en el debut registró 16 sprints por encima de los 20 km/h.
Datos que confirman una realidad que él mismo reconoce: después de la segunda lesión grave de rodillala que lo mantuvo nueve meses fuera de las canchas por la rotura del ligamento cruzado, siente que volvió más fuerte, más rápido y con mejores sensaciones que antes.


