Fue el último. Especial como cada uno de los que se celebraron. El primero en Nueva Jersey. El banquete que no puede faltar en cada previa. Para esta Selección valen tanto como una charla técnica. Y la Scaloneta volvió a cumplir con uno de sus ritos sagrados: el asado del día -2. Esta vez fue en el Hilton Hillsel hotel donde Argentina hace base en Nueva Jersey. El último de esta Copa del Mundo. La última vez que el fuego reunió al grupo antes de salir a disputar el partido más importante de todos.
Diego Iacobelli comandó la parrilla -conseguidas especialmente para la noche del viernes- con la paciencia de quien sabe que no sólo cocina carne: cocina un momento. Controló las brasas, movió el fuego con precisión y esperó el punto justo. A su lado, Antonia Farías, la cocinera que mejor conoce los gustos de la Selecciónpreparó cada uno de los acompañamientos. Todo debía salir como siempre. Porque cuando un ritual funciona, no se toca.
Fuente: Instagram Claudio Tapia.
El aroma hizo el resto. Lautaro Martínez se acercó a la parrilla con una sonrisa. Antes, pegadito al fuego, había dado play al hit que debe iniciar la movida. Lionel Scaloni también pasó por la prueba de calidad. Como ocurre en cada asado, aparecieron los privilegios del parrillero.
Emiliano Martínez tampoco rompió su tradición. Cuchillo, tenedor, un corte perfecto y bocado. La reacción fue inmediata. Después llegó otro clásico: ofrecerle un pedazo a Giuliano Simeone. El delantero apenas necesitó probarlo para hacer un gesto inequívoco con la mano, como quien celebra un gol. Porque para ellos también lo era.
La escena volvió a confirmar que el asado dejó de ser simplemente una comida. Es un punto de encuentro. Un refugio. Un rato en el que desaparecen la presión, las cámaras y la cuenta regresiva hacia la final. Alrededor de la parrilla, los campeones del mundo vuelven a ser un grupo de amigos compartiendo un mediodía, como si estuvieran en cualquier rincón de la Argentina.
Por eso este no fue un asado más. Fue el último de este Mundial. La última vez que las brasas se encendieron para reunir a un plantel que convirtió esta ceremonia en una marca registrada de su ciclo. Después vendrá la final. El partido que puede escribir otra página histórica. Pero antes, como ocurrió tantas veces en estos años gloriosos, hubo tiempo para cumplir con el ritual. Porque las finales también empiezan alrededor del fuego.
