
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyectó para la campaña de trigo una superficie sembrada de 6,5 millones de hectáreas, lo que representa una caída interanual del 3%, aunque se ubica 2,8% por encima del promedio de las últimas cinco campañas.
La relación insumo-producto aparece como uno de los ejes centrales de la campaña. Durante 2026 se profundizó el deterioro respecto a años previos: para adquirir una tonelada de urea se requiere un 55% más de trigo que en el ciclo anterior, mientras que en el caso del fosfato diamónico el aumento es del 29%.
El comportamiento regional refleja ese contexto. En el NOA y NEA se observa una tendencia positiva en la intención de siembra, impulsada por la buena disponibilidad de humedad, aunque sujeta a la evolución de precios y disponibilidad de insumos. En el centro-oeste, particularmente en Córdoba, predomina una tendencia a mantener el área, con posibles ajustes en el paquete tecnológico o la incorporación de alternativas como colza o camelina.
En cambio, en el centro-este del área agrícola, incluyendo los núcleos productivos, Santa Fe y Entre Ríos, se registra una tendencia negativa, impulsada principalmente por el elevado costo de los fertilizantes, con valores de urea cercanos a los 1.000 dólares por tonelada. En el sur, en Buenos Aires y La Pampa, también se observa una retracción del área triguera, con mayor inclinación hacia la cebada.
Desde el punto de vista climático, el escenario prevé una transición hacia condiciones asociadas a un evento Niño. Durante el invierno se esperan precipitaciones cercanas a lo normal y menor riesgo de heladas, mientras que en primavera podrían registrarse lluvias superiores al promedio, favoreciendo el desarrollo del cultivo.
En el plano internacional, el trigo se desarrolla en un contexto de mayor oferta global. Según el USDA, la producción mundial alcanzaría 844,15 millones de toneladas, con una recomposición de stocks que eleva la relación stock/consumo al 34,7%. Este escenario tiende a moderar los precios, aunque persisten factores de volatilidad vinculados a tensiones geopolíticas.
En el mercado local, el precio del trigo a cosecha se ubica en torno a los 217 dólares por tonelada, con una leve mejora interanual del 3%, pero aún por debajo del promedio de los últimos cinco años. En este contexto, el deterioro de la relación insumo-producto se consolida como una de las principales variables que explican la cautela de los productores.
En términos concretos, este deterioro implica que se necesitan mayores volúmenes de trigo para cubrir los principales costos de producción. La relación con la urea muestra un incremento del 55% interanual, mientras que en el caso del fosfato diamónico la suba alcanza el 29%. A su vez, el gasoil presenta una relación aproximadamente 41% superior a la campaña previa, encareciendo las labores, y los herbicidas también reflejan condiciones menos favorables.
Según el trabajo, este escenario obliga a ajustar decisiones, ya sea mediante una reducción en el uso de insumos, especialmente fertilizantes, o a través del cambio hacia cultivos con menores requerimientos, consolidando un planteo más defensivo en amplias regiones productivas.