
Para quienes disfruten del riesgo y la adrenalina, el turismo de aventura puede ser una manera muy especial de conocer y recorrer entornos naturales alrededor del mundo como ríos y montañas, con la adición de realizar actividad física.
Los deportes más comunes en estos casos suelen ser senderismo, kayak y windsurf, pero hay otra disciplina que pocos conocen y se puede realizar en médanos o incluso en volcanes: sandboarding. Uno de los destinos que ofrece esta experiencia es el volcán Cerro Negro, en Nicaragua.
El “sandboarding” es un deporte extremo que permite explorar el paisaje de una forma diferente. La actividad, generalmente organizada por agencias locales, empieza antes del descenso en el volcán.
Desde la ciudad de León, en Nicaragua, el recorrido se realiza en vehículos todoterreno hasta el lugar, donde los guías entregan el equipo de seguridad y explican los riesgos de la práctica.
Con el traje de protección, los guantes, las gafas y la tabla, comienza el ascenso a pie hasta la cima del volcán, una caminata de casi una hora sobre ceniza suelta. El descenso puede realizarse sentado o de pie, según la preferencia de cada participante.
Con el inicio de la bajada, el viento y la velocidad levantan partículas de arena volcánica, mientras que el trayecto de una hora de ascenso se convierte en unos pocos minutos de descenso hasta regresar al punto de partida.
El Cerro Negro se encuentra en el departamento de León, en el occidente de Nicaragua, dentro de la Cordillera de los Marrabios, una de las cadenas volcánicas más activas del continente.
Se formó tras una intensa erupción en abril de 1850, siendo el volcán más joven de Centroamérica y uno de los más recientes a nivel global. Entró en erupción 23 veces y la última ocurrió en 1999. Alcanza una altura de 728 metros sobre el nivel del mar.
El origen de esta práctica en Cerro Negro se remonta a 2004, cuando el australiano Daryn Webb se animó a ir cuesta abajo sobre la ceniza, usando distintos objetos como tabla. Probó con mesas, colchones y puertas de heladera hasta llegar a una versión rudimentaria que terminó por dar forma a la actividad actual.
Desde entonces, lo que empezó como un desafío personal se convirtió en una propuesta turística organizada que permite conocer el volcán con mucha adrenalina y velocidad.