No fue una derrota más. No sólo por la forma en que se dio, con un arbitraje polémico, un jugador mal expulsado y un final al borde del escándalo. Tampoco porque se trató de la primera en esta Copa Libertadores. Cruzeiro dejó a Boca una deuda en Brasil que debe ser saldada si quiere soñar y pelear con seriedad por la séptima.
Si bien siempre puede haber razones ajeas al juego que expliquen las derrotas, como ser en esta oportunidad haber jugado el segundo tiempo con uno menos, Boca lleva diez partidos sin ganar en Brasil en los 90 minutos. La última vez fue días después de la muerte de Diego Maradona ante Inter en 2020 con un gol de Carlos Tevez, cuando festejó con la camiseta histórica de 1981.
Después pasaron dos derrotas con santos0-3 en semifinales de 2020 y 0-1 en la fase de grupos de 2021; el escándalo ante Atlético Mineiro en octavos de 2021 tras un gol anulado, 0-0 y caída en los penales; la derrota 0-2 con corintios en grupos y el empate 0-0 en octavos en 2022; el empate 1-1 con triunfo por penales frente a palmeras en las semis y el posterior tropiezo 1-2 en la final con fluminense en 2023; una 2-4 ante fortaleza en grupos y otra 1-2 con Crucero en octavos en la Sudamericana 2024, y esta última del martes completa.
Lo preocupante es que Boca pasó de dominar en Brasil, de ser la pesadilla de los equipos brasileños, a no poder ganarles. Con un cambio muy marcado en los últimos años. En Libertadores es muy notorio. Desde el primer enfrentamiento en 1963 hasta la victoria ante Inter en 2020, sacó nueve triunfos, nueve empates y ocho derrotas. A partir de ahí fueron tres empates y cinco derrotas.
La mirada hacia adelante es que Boca tiene que resolver las dificultades que tiene en los últimos años en Brasil si quiere llegar lejos en la competencia y jugar los 13 partidos como dijo Adam Bareiro que se propusieron entre todos en una charla grupal.
¿Qué tiene que resolver? ¿Cuáles son las dificultades? Controlar el temperamento, ser más inteligente y saber llevar los arbitrajes. No haber podido contra este combo es lo que lo llevó una y otra vez a un desenlace bien conocido: el lío al final, con los jugadores descontrolados contra los rivales. Y cuatro expulsados en los últimos cuatro partidos allá es demasiado: Rojo con Palmeiras y Fabra ante Fluminense en 2023, Advíncula vs. Cruzeiro en 2024, y Bareiro en 2026.
Ni la presencia de Leandro Parede s pudo resolver estos inconvenientes. De hecho, su amarilla de entrada por una reacción contra un rival ya dejó planteado cuál iba a ser el clima del partido. Bareiro se sumo a la lucha, Blanco también, incluso Aranda se la bancó en varios cruces. Pero el paraguayo pagó por jugar siempre al límite y se fue expulsado antes del final del primer tiempo.
Más allá de las decisiones exageradas de Ostojich, Boca necesitará hacer internamente la autocrítica que no hizo frente a las cámaras tras esta primera derrotaaprender a controlarse para terminar con once cuando tocan estos arbitrajes (que van a seguir tocando) y no terminar sacado en medio de una batalla campal. Salvo que quiera hacer una remake de las películas de los últimos años.





