
En la provincia española de Badajoz y a unos 20 minutos de la frontera con Portugal, se encuentra la localidad de Alconchel, un pequeño pueblo de aproximadamente 1.700 habitantes rodeado de extensiones de campo y áreas arboladas.
Este pueblo tiene la particularidad de tener muy poca contaminación lumínica, lo que lo vuelve un destino perfecto para el astroturismo. El cielo nocturno se vuelve uno de sus grandes atractivos y se puede observar desde puntos emblemáticos del lugar como el castillo.
Alrededor de esa fortaleza también se construyó la identidad del pueblo, visible en sus calles antiguas y en los alrededores, donde persiste el misterio.
Habitado desde tiempos prerromanos, el cerro vio surgir el Castillo de Miraflores recién durante la ocupación musulmana. Aunque no quedan restos visibles de esa etapa en la fortaleza actual, su huella sigue presente en el nombre del pueblo: Alconchel, que significa “la caracola” y hace referencia a las irregularidades y desniveles del terreno.
En 1166, el castillo fue conquistado por el alférez del rey portugués Alfonso Enríquez y permaneció bajo control de los templarios, una orden militar y religiosa medieval, hasta la desaparición de la organización. Desde entonces, la fortaleza pasó por distintas manos mientras el pueblo crecía a su alrededor.
Ubicado a 300 metros de altura, el castillo ofrecía vistas hacia Badajoz y tierras portuguesas. El complejo contaba con un triple recinto defensivo, una torre del Homenaje, patio de armas, aljibes, mazmorras, una capilla y otras dependencias de las que todavía se conservan algunos restos.
Desde hace años, en el pueblo circula la leyenda de que desde el castillo parten túneles que conectan con la iglesia parroquial y con la cercana Ermita de la Esperanza.
Otra de las historias más conocidas es la de Zaragutía Mora, una joven esclava cristiana que habría vivido un romance con un musulmán y cuyo espíritu, según el relato popular, quedó atrapado en el lugar custodiando un tesoro árabe oculto. La historia se revive cada agosto con una recreación histórica nocturna que reúne a más de 200 actores.
El corredor eco-fluvial Rivera de Alconchel es uno de los principales espacios naturales de la zona y ofrece rutas para recorrer a pie, en bicicleta, a caballo o en moto de campo.
Los senderos atraviesan paisajes de bosque mediterráneo, campos abiertos y áreas rurales típicas de la región española de Extremadura, con señalización e información sobre la fauna y flora local, además de espacios como el Centro de Interpretación de la Naturaleza de El Gollizo y el observatorio de aves en La Cobanada.
La Rivera de Alconchel nace en la localidad vecina de Táliga y desemboca en el río Guadiana, en la frontera entre España y Portugal. El corredor tiene casi 40 kilómetros de extensión y reúne distintos ecosistemas y especies de peces y aves características de la región.
Además, la ganadería es una de las principales actividades económicas de Alconchel y el agroturismo se convirtió en uno de los grandes atractivos de la zona. En los alrededores se realizan visitas a campos de cría vacuna y establecimientos rurales donde se muestran tareas tradicionales, trabajos a caballo y técnicas de manejo del ganado.
Las actividades permiten conocer de cerca la vida rural de Extremadura y suelen completarse con degustaciones de jamón ibérico y otros productos típicos elaborados en la región.
Alconchel encontró en el astroturismo uno de sus principales atractivos gracias a la baja contaminación lumínica de la zona. La localidad cuenta con el Certificado Starlight, un reconocimiento internacional que distingue a los destinos ideales para la observación astronómica y las actividades vinculadas al cielo nocturno.
El entorno natural, los amplios campos y la escasa presencia urbana convierten al pueblo en un lugar privilegiado para observar estrellas, lluvias de meteoros y distintos fenómenos astronómicos a simple vista. Uno de los puntos más destacados es el Castillo de Miraflores, donde se realizan recorridos y jornadas nocturnas orientadas a la contemplación del cielo.