
En lo que la comunidad científica considera un avance clave para el conocimiento de la biodiversidad marina, la iniciativa internacional Ocean Census anunció el descubrimiento de 1.121 especies marinas previamente desconocidas durante el último año.
El hallazgo surge tras la realización de 13 expediciones en regiones remotas y profundas del océano, donde los equipos científicos lograron documentar organismos que hasta ahora no habían sido registrados. Según los datos del proyecto, este esfuerzo permitió aumentar en un 54% las identificaciones anuales de nuevas especies marinas, lo que refuerza la idea de que los océanos profundos albergan una diversidad biológica mucho mayor de la estimada.
Entre las especies identificadas se encuentran organismos de características inusuales. En Japón, por ejemplo, se registró el llamado “gusano del castillo de cristal”, un poliqueto que habita a gran profundidad dentro de una esponja de sílice translúcida, con la que mantiene una relación simbiótica.
En Australia, los investigadores documentaron una especie de quimera conocida como “tiburón fantasma”, perteneciente a un linaje evolutivo que se habría separado de los tiburones modernos hace cientos de millones de años, lo que lo convierte en un hallazgo de gran interés evolutivo.
En Timor Oriental también se encontraron gusanos cinta de color naranja intenso, cuyas toxinas naturales están siendo analizadas por su potencial aplicación en investigaciones médicas vinculadas a enfermedades neurodegenerativas.
Uno de los descubrimientos más llamativos se produjo en las Islas Sandwich del Sur, donde se identificó una esponja carnívora apodada “bola de la muerte”, adaptada para capturar pequeños crustáceos mediante estructuras microscópicas similares a ganchos.
Pese a la magnitud del hallazgo, los científicos advierten que muchas de estas especies podrían estar en riesgo antes incluso de ser completamente estudiadas.
El calentamiento de los océanos, la contaminación industrial y la posible expansión de la minería submarina representan amenazas crecientes para los ecosistemas de aguas profundas.
“Muchas especies corren el riesgo de desaparecer incluso antes de ser documentadas”, advirtió Michelle Taylor, directora científica de Ocean Census, al remarcar la urgencia de acelerar los procesos de identificación y protección.
Actualmente, la descripción formal de una nueva especie puede tardar en promedio más de 13 años. Para reducir estos tiempos, el proyecto desarrolló una plataforma de acceso abierto que permite registrar especies de forma preliminar, facilitando que científicos y responsables de políticas puedan conocer su existencia de manera inmediata.
Desde la organización remarcan que el conocimiento del océano profundo aún es limitado en comparación con otros ecosistemas del planeta, y sostienen que se necesita mayor inversión en exploración marina.
“Gastamos miles de millones en buscar vida en Marte, pero solo una fracción de eso en explorar nuestros océanos”, señaló Oliver Steeds, director del proyecto.