
30/05/2026 17:33hs.
De Lázaro y milagro. De eso se trató la clasificación de Instituto en Rosario. Porque la Gloria tenía el boleto a octavos en el bolsillo, lo vio escaparse de la manera más insólita y, cuando los penales ya parecían inevitables, encontró la salvación en un tiro libre perfecto. Fue 2-1 ante Lanús en la cancha de Newell’s para avanzar en la Copa Argentina y ganarse un cruce con Platense.
El equipo del Traductor Flores jugó el partido que más le convenía. Ordenado, intenso y convencido de su plan, golpeó a los 34 minutos del primer tiempo con una pelota parada que dejó polémica. Leonel Mosevich bajó la pelota en el segundo palo y Jhon Córdoba apareció para empujarla a la red. La posición del colombiano generó dudas, aunque sin VAR y ante una acción tan fina, el asistente hizo bien en no levantar la bandera sin certeza.
Con la ventaja, Instituto se replegó y apostó por la solidez defensiva. Lanús manejó la pelota durante gran parte del encuentro, pero le costó transformar la posesión en peligro. Aquino fue el más insistente, mientras que Salvio y Carrera aparecieron de manera intermitente. El Granate empujó más de lo que jugó.
El segundo tiempo se calentó rápido. A los cinco minutos, Fernando Alarcón y Carlos Izquierdoz quedaron envueltos en un extenso reclamo contra Nazareno Arasa antes de un córner. La discusión se prolongó durante varios minutos y el árbitro terminó expulsando a ambos capitanes. Fue apenas el comienzo de una etapa cargada de tensión, cruces y otras dos rojas que elevaron aún más la temperatura de un partido que se jugaba como una final.
Cuando parecía que Instituto tenía todo controlado, llegó el error que cambió la historia. A los 30 del complemento, Mosevich no escuchó la salida de Roffo, peinó un centro hacia atrás y le dejó servido el empate a Besozzi. Un golpe durísimo para la Gloria y un premio excesivo para Lanús.
Pero Instituto todavía tenía una vida más. Y apareció Lázaro para convertirla en clasificación. A los 48 minutos clavó un tiro libre extraordinario en el ángulo y dejó sin chances a Petroli. Un golazo para evitar los penales y desatar el festejo cordobés. Porque cuando todo indicaba que la historia se complicaba, la Gloria encontró un milagro. Y tenía nombre y apellido.