
Escribo por mi cuenta, riesgo y bajo mi absoluta responsabilidad. Martín Llaryora, el gobernador de Córdoba, es un gran simulador. Desconozco el alcance de sus sueños políticos aunque -si responde a las generales de la ley-, debería querer ser, en algún momento, presidente de los argentinos. Entonces es bueno que se sepa.
El Gobernador simula sensibilidad social, jactándose -para diferenciarse de Milei-, de tener un trato humano con sus jubilados provinciales. A Llaryora intentando distinguirse de Milei, le caben esos versos de Borges: “La máscara ha cambiado pero, como siempre, es única” (pero Borges hablaba de amor, y de Llaryora sólo cabe esperar el espanto).
En efecto, Milei y Llaryora hacen lo mismo, aunque de otra manera. Como dijo Oscar Wilde, está el que mata con una espada y el cobarde que mata con un beso.Sí: los dos matan, pero uno es peronista.
Paso a dar mi testimonio:
Pertenezco a un grupo de 63 artistas que es beneficiario del Régimen de Reconocimiento Artístico de la Provincia de Córdoba.
Este “reconocimiento al Mérito Artístico de la Provincia” se instauró por ley en 2008. Se podía acceder a él por concurso y comprendía a todas las artes. Consistía en una suma mensual de tres y media jubilaciones mínimas, y una digna obra social.
Quien lo ganara, debía haber dedicado, al menos, 25 años de su vida a hacer un aporte cultural significativo para Córdoba y podía sentirse a salvo e imaginar una vejez digna, a resguardo de inclemencias económicas.
Fue por ello que concursé, cumpliendo con todos los requisitos y acarreando una maleta de antecedentes. Casi toda mi vida fue empaquetada, rotulada y evaluada por un jurado, que decidió darme por ganadora.
Corría el año 2015, yo terminaba de enviudar, y como todo patrimonio me había quedado…casi nada (un pequeñísimo departamento en el Abasto ¡en sucesión!). Así que recibí este reconocimiento como un verdadero salvavidas. Es cierto que no me salvaba del duelo, ni de la soledad, ni de la vejez.
Pero por ley se me estaba garantizando un ingreso de tres jubilaciones y media de la mínima de la Provincia hasta el día de mi muerte y una obra social digna, y ello me permitiría vivir tranquila el resto de mis días. Me alejaba también de ese fantasma que tenemos los viejos sin recursos, que es terminar viviendo de la generosidad de nuestros hijos.
Con ese reconocimiento iniciamos -yo y muchos otros- una vejez a resguardo. Eso duró …hasta que nos llegó la condena de Llaryora. Una condena de guantes blancos, que ellos dirían “inventada” … si hablaran, porque se han negado a atendernos.
En efecto, Martín Llaryora, que en su desesperado afán de “no ser como Milei” subió las jubilaciones mínimas de la provincia a 800.000 pesos -superponiendo bonos-, “olvidó” sostener el reconocimiento que merecidamente habíamos ganado, “olvidó” que para nosotros es un derecho adquirido, “olvidó” nuestra edad (podemos ser sus abuelos), y ni siquiera recordó que la función de nosotros los artistas es dar trascendencia e identidad al lugar donde vivimos, sea nuestra provincia, o nuestro país. Que trabajamos construyendo nuestra cultura. Curioso, esta negación ¡otra vez! lo hermana con Milei.
De más está decir que las nuevas generaciones menos aún podrán soñar con ser reconocidas. Ni siquiera se ha llamado a un nuevo concurso desde 2024. El Gobernador ha tomado posición.
A nosotros -solo 63 artistas, que no podemos desequilibrar ningún presupuesto provincial- Llaryora nos recortó lo ganado, calculando para nuestro premio las tres veces y media de una supuesta jubilación mínima, esta vez sin sumar los bonos. Traicionando el espíritu de la ley.
Así, curiosamente, al momento de pagarnos, nuestras tres jubilaciones y media se convirtieron en poco más de 700.000 pesos, ¡menos de una mínima de las que se ufana pagar el gobernador!
Y no sólo eso: hace más de un año que nuestros haberes no registran ni un peso de aumento. Hemos intentado todo y por todos lados: pedidos formales, mesas de entrada, cartas abiertas, redes sociales… pero el silencio es imperforable.
El Gobernador no quiere ni siquiera saber de qué se trata, y no tiene el mínimo de gentileza para atender a los viejos. El grupo de perjudicados alcanza a artistas de hasta 90 años, muchos en complicado estado de salud. En esta espera ya murió uno. Uno menos, gobernador.
En definitiva: somos 63 artistas cordobeses. Somos viejos, somos premiados, y todo parece indicar que el gobernador Martin Llaryora nos ha destinado a morir.
Cristina Wargon es periodista.