La onda expansiva no se frena. Y cuanto más gana, más consigue y más se consolida la Scaloneta, más viento en contra recibe de sus competidores en el mundo. Por qué este equipo está logrando algo verdaderamente histórico desde la Copa América 2021 en el Maracaná: ganó el Mundial de Qatar 2022, la Copa América 2024 y ahora sueña, difícil, con la cuarta estrella en Estados Unidos. En ese contexto, es el rival a vencer. Por Francia, por España y por cualquiera que tenga que enfrentarlo. Y desde distintos rincones empiezan a multiplicarse las especulaciones: que la FIFA ayuda a la Argentina, que los árbitros la favorecen. Ahora bien, ¿realmente es así?
La realidad —y no es casualidad— es que Argentina no volvió a perder en un Mundial desde el debut contra Arabia Saudita (con offsides milimétricos en goles anulados). Desde entonces ganó todos sus partidos, los dos últimos de manera agónica. Pasaron México, Polonia, Australia, Países Bajos por penales, Croacia, Francia por penales, Argelia, Austria, Cabo Verde y ahora Egipto. Sin embargo, desde Egipto y desde distintos sectores del mundo futbolero volvió a instalarse la idea de una supuesta ayuda arbitral. Como si un equipo pudiera construir semejante ciclo solo gracias a los fallos.
Ya en el debut frente a Argelia quisieron instalar que una infracción de Messi debía ser roja directa por apoyar el pie sobre los gemelos de un rival. Fue falta, sin dudas, e incluso merecía amarilla. El árbitro se equivocó al no amonestarlo. Pero no hubo la fuerza ni la intensidad propias de una conducta violenta. ¿Podía intervenir el VAR? Sí. Aun con el 3-0, se intentó instalar que la FIFA protegía a Messi para evitar una suspensión y hasta se dijo que su hat-trick no debió existir.
Claro que eso del debut viene de Qatar 2022, cuando incluso Diego Lugano (referente uruguayo) dijo abiertamente que a Argentina la habían ayudado con cinco penales. Uno fue agarrón a Paredes contra Arabia, el más polémico y debatible (lo erró el 10, luego de que el arquero polaco saliera a buscar un centro y manoteara sin violencia la cara de Messi sin intención), uno bien marcado vs. Países Bajos por falta a Acuñaotro lógico por un choque del 1 croata a Julián y el último, gran acierto del juez polaco, por el pie de Dembelé que mueve un pie de Di María y lo hace trastabillar. De octavos en adelante, la Selección fue superior a todos los rivalesincluso con baile en la final hasta los dos goles seguidos de Francia.
Ahora, frente a Egipto, los cuestionamientos apuntan a dos jugadas. La primera, el 2-0 anulado por una falta previa sobre Lisandro Martínez en el inicio de la acción. Hubo un pisotón involuntario que lo desestabilizó cuando controlaba la pelota. Hubo contacto y efecto, que fue la caída. La segunda, un supuesto penal de Julián Álvarez sobre Salah antes del 3-2. El argentino apenas lo rozó, sin derribarlo; Salah exageró la caída y ni el árbitro ni el VAR consideraron que hubiera infracción. Dos decisiones perfectamente defendibles, correctas. Ni hablar de que hayan pedido una falta de Mac Allister, en un forcejeo. Pasa que luego el DT egipcio y varios jugadores eligieron criticar y criticarpara no reconocer que tenían el partido en el bolsillo, les pesó la situación y los pasaron por arriba.
Tener a Messi, el máximo goleador de la historia de los Mundiales, también pesa. En los rivales y en los árbitros. Siempre pasó y siempre pasará: no es lo mismo amonestar o expulsar a Leo en una jugada dudosa que a cualquier otro futbolista. Tal vez eso haya influido en aquella falta ante Argelia. Pero de ahí a sostener que Argentina gana por ayuda arbitral hay un abismo.
Tampoco se recuerdan fallos determinantes que hayan definido partidos a favor de la Selección. Mucho menos comparables con el choque de Neuer sobre Higuaín en la final de Brasil 2014. Pase lo que pase en este Mundial, Argentina ya se metió en la historia. Y no por los árbitros. Que nadie se atreva a creer en esa teoría conspirativa que viene de afuera.

