Hay algo en caminar las calles de Rosario durante un Mundial que sirve de fotografía de lo que estamos viviendo: es dificil pensar en otra cosa que no sea en Argentina. Cuelgan banderas de los edificios, los padres le sacan fotos a sus hijos que van vestidos de jugador y sonríen con el mural de Messi de fondo. Hasta los locales se visten para la ocasión.
Las casas de vestidos de fiesta eligen combinar los más pomposos exhibiendo solamente los de color celeste y los blancos, en los kioscos se venden golosinas con la cara de Messi y en las farmacias hay gigantografías de jugadores de la Selección. Un pibe revuelve la basura buscando algo para comer y en su espalda lleva la 10 de Messi, el que después de Inglaterra dijo que la alegría era para el pueblo argentino porque sabía que “hay gente que no tiene trabajo y no llega a fin de mes”. En la calle toda gira en torno al Mundial.
Un pucho cualquiera
Una escena sirve como ejemplo: el encuentro de dos amigos a dos cuadras del monumento a la bandera. Uno estaciona su moto como puede y se baja medio atolondrado a abrazarse con el otro. Lo primero que hace no es preguntarle cómo está ni cómo anda algún familiar. “Qué locura lo de ayer, por dios” y el otro se sonrie e inmediatamente hace alusión al sufrimiento.
Fumar mirándolos con el Paraná de fondo y llevar en el pensamiento alguna canción que revuelva el espíritu -como esa de Ricardo Iorio en la que dos tipos que esperaban que su caña les traiga alguna alegría- es presenciar una escena tan común como a la vez cinematográfica. “Es demencial cómo vivimos. Yo te juro que ayer pensé que la quedaba”, le dijo y mientras encendía un cigarro el otro respondió: “Te enterrábamos con la de Argentina puesta eh”.
Juega Boca
En medio de todo esto, hoy en la ciudad que fue territorio sagrado de Olmedo, del Negro Fontanarrosa y tantos otros personajes célebres pero en la que hoy reina -sin casi pasar tiempo en ella- el mejor jugador del planeta tierrajuegan Boca y Sarmiento por la Copa Argentina. A horas del partido, de aquello ni noticias.
Pero así es el fútbol: domina por impulsos, por fuerza mayor. Por las emociones que genera… ¿y quién puede acaso culpar a la Selección más grossa de todas de hacernos sentir vacíos si bajamos al llano de un partido terrenal? Después de todo, de esto estamos hechos.
«Que el domingo…»
Y así lo sabremos en esta pintoresca tarde rosarina que terminará tarde y en el Parque Independencia. Todo mientras nuestras mentes y corazones apuntan a un sólo pensamiento: «Que el domingo, cueste lo que cueste…»

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