
LONDRES — Poco antes de las 3 de la madrugada, el sedán se detuvo en una calle residencial de Londres.
En las imágenes de vigilancia que se utilizaron posteriormente en el juicio, se puede ver a un hombre saliendo del vehículo y recogiendo un objeto en el suelo.
Instantes después, el objeto —un dron— se eleva en el aire y desaparece.
El lugar se encontraba justo a las afueras del perímetro de una de las prisiones más grandes de Gran Bretaña, Wormwood Scrubs, y el dron transportaba contrabando ilegal para los reclusos.
El hombre que manejaba el dron aquella mañana de diciembre de 2024 era Shafaghatullah Mohseni, de 29 años, quien posteriormente fue condenado por ser el líder de una banda que realizó aproximadamente 140 vuelos ilegales a nueve prisiones en Inglaterra entre diciembre de 2024 y su arresto en febrero de 2025.
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Gran Bretaña: Una banda mandaba armas a prisiones usando drones
Según los fiscales, Mohseni recibió casi 27.000 libras esterlinas, unos 36.000 dólares, de los reclusos, sus amigos y familiares, a cambio de suministrar drogas, teléfonos, cargadores, tabaco y cuchillos.
Tráfico
Según cifras del gobierno, esta lucrativa actividad representaba solo una pequeña fracción de los drones enviados a las prisiones británicas en los últimos años, transportando contrabando que, según los directores de prisiones, está provocando un aumento de la violencia y el consumo de drogas.
La eficacia del contrabando es tal que los presos están encargando productos como inyecciones para adelgazar, así como artículos muy codiciados como teléfonos y armas, según Tom Wheatley, presidente de la Asociación de Directores de Prisiones de Gran Bretaña.
«Introducen todo tipo de cosas», declaró en una entrevista.
«Cualquier cosa que tenga valor en la cárcel, que alguien dentro quiera y que no puedan conseguir por medios legales».
El juez James Lofthouse, quien sentenció a Mohseni a principios de marzo a cinco años y tres meses de prisión, dijo que los paquetes ilegales habían estado llegando dentro de los muros de la prisión «francamente, como si fueran de Uber Eats».
El número de avistamientos de drones registrados en prisiones de Inglaterra y Gales ha aumentado drásticamente desde que se detectaron los primeros vuelos en 2014, alcanzando un récord de 1712 en el año que finalizó en marzo de 2025, según cifras del gobierno británico.
Los expertos señalan que es probable que esta cifra sea una subestimación, ya que las normas de registro exigen que el personal penitenciario vea los drones personalmente, y los vuelos se realizan principalmente en plena noche, cuando el personal es menor.
«Nos han entregado machetes mediante drones», declaró Mark Fairhurst, presidente de la Asociación Británica de Funcionarios de Prisiones.
«Es solo cuestión de tiempo antes de que nos entreguen un arma de fuego o se produzca una fuga».
El contrabando siempre ha entrado en las cárceles, a menudo por medio de empleados o visitantes corruptos.
En el pasado, a veces se lanzaban paquetes, conocidos como «lanzamientos por encima de los muros y vallas», por encima de las paredes de la prisión.
Fairhurst, que se convirtió en funcionario de prisiones en 1992, recordó intentos espeluznantes de ocultar objetos, como el lanzamiento de palomas muertas llenas de drogas.
El superintendente jefe de detectives Lewis Hughes, de la policía de Greater Manchester, quien dirigió una reciente operación antidrones en cuatro prisiones de su ciudad, declaró en una entrevista que una estratagema común consistía en esconder drogas en pelotas de tenis.
Luego, las pelotas se cubrían con cuchillas de afeitar y se lanzaban contra sábanas que los reclusos colgaban de las ventanas de sus celdas.
Hoy en día, “los drones se han convertido en el método más accesible”, afirmó Hughes.
Señaló que la mayoría de las prisiones británicas se construyeron décadas, o incluso siglos, antes de que se inventaran los drones, lo que significa que los edificios “son seguros desde tierra, pero no desde el aire”.
Los reclusos encargan envíos mediante teléfonos ocultos a las autoridades penitenciarias o a través de contactos dentro de la prisión, quienes transmiten las solicitudes a las bandas criminales del exterior.
Los artículos suelen ser pagados por familiares y amigos.
Los paquetes se enganchan a drones comerciales y se envían a un lugar previamente acordado, como un patio de ejercicios o la ventana de una celda.
Fairhurst estimó que los artículos comprados ilícitamente costaban entre cinco y diez veces su valor normal.
«Esto tiene repercusiones en las comunidades, porque con frecuencia las familias se ven amenazadas para pagar deudas contraídas internamente», afirmó.
Informe
Un informe publicado este año por la Oficina Nacional de Auditoría (NAO), organismo británico encargado de controlar el gasto público, reveló que la drogadicción entre los presos había aumentado, en parte como consecuencia de las entregas con drones.
«En comparación con otras vías, los drones tienen el potencial de entregar paquetes relativamente grandes de artículos ilícitos de forma muy precisa», señala el informe.
Asimismo, indica que las cárceles de toda Europa se enfrentan a un desafío similar.
Para evitar que los drones arrojen paquetes, se han instalado redes en algunos edificios penitenciarios y rejas de seguridad en las ventanas de las celdas.
En febrero, el gobierno británico convocó un concurso para financiar el desarrollo de tecnología que permita detener de forma segura a los drones hostiles una vez que penetren en el espacio aéreo seguro de las prisiones.
El gobierno también ha declarado que intentará aprender de las técnicas utilizadas para contrarrestar los drones rusos en Ucrania.
Según Hughes, la policía ha estado patrullando las zonas aledañas a las prisiones, conscientes de que estos dispositivos tienen un alcance operativo limitado.
A todos los drones encontrados se les toman muestras para obtener huellas dactilares y se les realiza un análisis forense digital para buscar metadatos sobre sus trayectorias de vuelo.
Una vez que un dron está en el aire, «la policía poco puede hacer», señaló Hughes.
«Tenemos que entrar en las casas de los delincuentes organizados y atrapar al piloto del dron mientras está en la cama o desayunando».
c.2026 The New York Times Company