
El ataque en la escuela Mariano Moreno conmociona a la comunidad de San Cristóbal, en Santa Fe. Ian Cabrera, de 13 años, murió al ser baleado por un alumnos de 15 años que le disparó con una escopeta que le sacó a su abuelo. En este contexto, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un comunicado en el que hizo un enfático pedido para evitar que los chicos tengan acceso a armas en su hogar.
«El momento de actuar es ahora», remarca la institución con el objetivo de fomentar el desarrollo de una niñez y adolescencia sana. En medio del debate que originó este caso, el organismo recordó que «desde el año 2004 no se registraban hechos de esta gravedad con víctimas fatales en el ámbito escolar».
Ante lo ocurrido, la SAP manifestó su deseo de acompañar a la familia de Ian Cabrera, el alumno fallecido, así como también al entorno de los otros estudiantes heridos. «Es fundamental brindar contención a quienes, directa o indirectamente, han sido atravesados por este hecho trágico», señaló la subcomisión de salud mental.
En un contexto marcado por el aumento de la violencia tanto en niños como en adolescentes, la organización busca que los adultos actúen para prevenir y evitar situaciones como esta. «La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda enfáticamente no disponer de armas ni de elementos potencialmente mortales en los hogares ni en sus entornos», expresa el comunicado.
«En caso de poseerlas por razones laborales (…) estas deben almacenarse en condiciones seguras, fuera del alcance de niños, niñas y adolescentes. Asimismo, se desaconseja la enseñanza del uso de armas por parte de familiares o personas cercanas«, insiste la institución desde su intervención.
No es casualidad que la Sociedad Argentina de Pediatría advierta sobre la tenencia de armas en el hogar; mucho menos que recomiende a los mayores no enseñarle a niños y jóvenes cómo usarlas.
El atacante, G.C., llegó a la escuela Mariano Moreno con el arma oculta dentro de una mochila y luego la camufló debajo de un buzo. Esa misma mañana fue su abuelo quien había denunciado la desaparición de su escopeta. El arma se encontraba en su casa, a tan solo 60 metros de donde vivía el chico con su mamá.
Otro dato que surge del relato de testigos es que el atacante habría contado que, durante el fin de semana, había ido a cazar; así lo aseguró otro de los estudiantes que presenció el horror a Clarín. En estado de shock, el joven se lo habría confesado al portero, la figura clave que se abalanzó sobre el agresor, le sacó la escopeta y evitó una masacre.
Con el correr de los días, trascendió que el adolescente de 15 años fue a cazar con un familiar; muchos señalaron que pudo haberse tratado de su abuelo, aunque nadie confirmó este detalle.
«Es fundamental comprender las causas que llevaron a este adolescente a tomar una decisión de tal gravedad», agrega la Sociedad Argentina de Pediatría. Ahora es momento de identificar cuáles fueron los posibles condicionantes «familiares, sociales y de salud mental» que llevaron al joven a actuar de esta manera.
A través de esta intervención, la institución insiste en redoblar los esfuerzos en la prevención, la detección temprana y el acompañamiento. «Resulta imprescindible garantizar la disponibilidad de equipos interdisciplinarios capacitados», cierra el comunicado.