04/02/2026 09:01hs.
Pablo Vicó escucha a Enrique Iglesias. El entrenador que estuvo al mando durante 15 años consecutivos de Brown de Adrogué, que lo ascendió a la B Nacional donde después logró ganarle a más de un grande, escucha a Enrique Iglesias. El mismo que no sólo vivió para el club, sino que además vivió dentro del club durante varios años y por quien una tribuna lleva su nombre al igual que el buffet. Ese hombre disfruta de escuchar a Enrique Iglesias porque su hijo Cristian, que falleció en 2015 en un accidente, era fanático.
El Ferguson del Conurbano sale a la puerta de su casa en un barrio cerrado de Burzaco con sus bermudas azules de algodón tiro alto al cuerpo, una remera blanca que una marca le regaló y recibe a Olé. Vicó no toma café, sólo mate y té. Es uno de esos personajes del fútbol que dejan mejores anécdotas con la cámara apagada que encendida. Comparte con Charly García no sólo el bigote sino también la forma de cruzar las piernas. Sus brazos están repletos de tatuajes: desde el escudo de Huracán hasta uno para su hijo Cristian. En las paredes de su hogar se destacan cuadritos grandes, pequeños y medianos de Brown, una pintura del Diego en blanco y negro y otra de Cristian.
A sus 70 años tiene fuerte su deseo de volver a dirigir y no oculta la tristeza que le generó el fin de la etapa en el club de su vida en mayo de 2024 tras 564 partidos. “A mi me costó mucho irme de Brown. Tuve un duelo muy grande. Tuve una enfermedad muy importante, gracias a Dios pude sanar. La depresión provoca muchas enfermedades, yo no lo sabía”, explica desde el sillón de su hogar. Al hablar del club, no sólo omite la w, sino que enlentece su discurso como quien pasa de visita por un recuerdo que todavía duele y se le llenan los ojos de lágrimas al evocar alguna anécdota vivida gracias al Tricolor. La religión se volvió su refugio: dos domingos al mes va a la Iglesia y encontró en la oración una forma de transitar la tristeza.
Por: Catalina Sarrabayrouse
Actualmente está trabajando para River asesorando a entrenadores y viendo el trabajo con niños en distintas partes de la Provincia de Buenos Aires. Vicó sabe que al tiempo no se lo puede detener, en cambio busca tenerlo de aliado. No sólo se encarga de mantenerse aggiornado a las nuevas formas de entrenar, leyendo e investigando, sino también cuida su estética: “Estoy todo depilado, me hago las manos, lo que hace mucho que no me hago es el plasma de la cara. Creo que ese es una vez sola por año”.
El histórico entrenador del ascenso mano a mano con Olé
-¿Cuál fue tu primer trabajo?
– Trabajaba poco ja. Trabajé en un mayorista de Casa Rec, que estaba al lado del cine. Vendía cigarros importados, encendedores, juegos de mesa. Después, mi segundo trabajo fue trabajando en una fábrica en Caballito, pero siempre pensando en el fútbol. Uno quiso jugar siempre al fútbol. Creo que en su momento tuve las condiciones para poder hacerlo y lo pude ejecutar. Jugué en Brown de Adrogué, Tristán Suárez, San Miguel…
Pablo Vicó a la hora de hablar de Brown y su amor por el club
-¿Cómo fue en tu casa cuando dijiste que te ibas a dedicar a jugar al fútbol?
– No se lo dije a nadie ¿Viste que vos empezás a jugar en los potreros? Bueno, yo era chico y jugaba en los potreros. Había gente que me veía jugar y me quería llevar al club. Y mi viejo me decía: “Vos sos medio tarambana, te vas a perder”. Nunca quiso. Después de más grande, jugando en los potreros, un día cuando Brown había descendido de la C a la D, un par de directivos me vieron jugar y nos llevaron a todos para jugar en la D.
Pablo Vicó habló sobre la muerte de Cristian.
-¿Qué pasó con los potreros ahora?
– Ya no existen más. Antes,cada tres cuadras veías uno, se juntaban a jugar con una pelota. Afuera cuando me tocó viajar con Brown en el Nacional sí vi, en esos pueblos que a veces nos encontrábamos sobre la ruta. Es una pena que hayan desaparecido ¿no? Porque vos tenías al chico a lo mejor pensando que se juntaba con otros y hacía un partidito y hoy los chicos están pensando en cosas que no tienen que pensar. Creo que el progreso te mató el potrero. Hoy encontraste un espacio de tierra y te están haciendo un edificio. Ya queda muy poco, si querés jugar te tenés que ir a un club, te tienen que ver y tenés que pagar un arancel que no vale menos de 30.000, 40.000 pesos. Y hay gente que realmente no lo puede pagar.

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-¿A qué te hubieras dedicado si lo del fútbol no funcionaba?
-¡Qué drama! ¡Qué drama! Hubiese tenido que trabajar, seguramente. Trabajar de lo que sea, ¿viste? Menos de albañil, discúlpame. Una vuelta un tío mío me llevó a trabajar de albañil a Morón en pleno invierno. No sabés cómo me quedaron las manos. Trabajé medio día y me fui. Sin desmerecer lo que es el albañil. Uno creo que para determinados trabajos está actualizado o sabe qué le gustaría ser.
-¿Y hoy cómo ves el fútbol?
-En el fútbol moderno siempre dicen lo mismo. Yo me pregunto por qué uno está sin trabajo con el curriculum que tiene. ¿Me habré portado mal? ¿Habré hecho las cosas mal? Le he dado mucho a los dos clubes que estuve. Hoy en el fútbol miran mucho a tu cuerpo técnico. Apuestan a los jóvenes. Yo me la paso mirando videos, trato de estar actualizado para el momento que me toque, pero tenés que tener siempre un pendejo de 35-40 años. Yo tengo un cuerpo técnico que me dio mucho en el fútbol, estoy de acuerdo con incorporar gente joven, lo escucho.
-Otra cosa es el exitismo y la falta de paciencia al proceso ¿no?
– Perdiste cuatro partidos y ya te están cuestionando. El tema es qué te puedo entregar yo de lo que te vine a ofrecer. El entendimiento del cuerpo técnico al jugador tiene que ser creíble ¿En tres o cuatro partidos lo lográs? No. Gago perdió en su debut y ya lo quieren echar. Creo que no hay tolerancia o le tienen miedo al fracaso si te toca descender.
El ex entrenador de Brown mano a mano con Olé
-¿Qué es el fútbol para vos?
-Para mí es mi vida. Fue lo que me dio en determinado momento una tranquilidad económica en la cual la pude disfrutar. Hoy lo extraño, lo extraño mucho. Extraño el vértigo de los partidos, de los viajes, estar dentro de un vestuario, el charlar con los muchachos, el trabajo en el campo de juego. Lo extraño, te juro que lo extraño.
– ¿Y a vos qué te parece, flaca? Se me caen las lágrimas. Estoy todo tatuado de Brown. Yo viví momentos muy lindos ahí y conocí gente que me hizo crecer como persona, gente bárbara. Me pone contento que en Comisión Directiva haya toda gente con la que la hemos luchado juntos.
– El buffet lleva tu nombre ¿Hay una calle en San Clemente también, no?
-Sí, una tribuna, hay una calle también. Nosotros antes hacíamos la pretemporada en Villa Gesell. Y me vino a buscar un loco para que yo inaugurara la calle principal de un barrio privado que se iba a llamar Pablo Vicó. Yo no le creía, digo: “Este está re loco la cabeza”. Pero no che, lo hizo. Son siete cuadras y la calle principal se llama Pablo Vicó.
-¿Cómo llegaste a vivir en el club?
-Circunstancias de la vida me han llevado a vivir en el club. Como tal uno lo cuidaba, lo respetaba y me sentía cómodo. Yo tenía mi sitio, mi monoambiente. A pesar de que algún colega tuyo, importante, dijo que yo vivía debajo de la tribuna con una bolsa de arpillera. Pará flaco, si te gustan las páginas amarillas conmigo no. He mostrado mi casa muchas veces, yo concedo notas siempre. Yo he tenido la suerte de que un Presidente de la Nación se haya acercado, me haya hecho chistes.
– Dejemoslo ahí ja, pero me he encontrado con mucha gente en esta vida. Es raro que yo vaya a una cancha y sea mal recibido, criticado.
-Contame la historia del día que fuiste a la despedida de Román
– Yo estaba concentrado y el de seguridad me lleva y me dice: “Pablo te busca un tal Riquelme”. Yo tenía un jugador en Inferiores y le digo que no estoy, que estoy concentrado pensando en el partido del día siguiente. “Dice que es el hermano, Cristian Riquelme”. Este está loco, pensé. Salgo y era él. Me dice que su hermano me invitaba especialmente para que vaya a su despedida el domingo. Me dio tres entradas. Eran para mi pareja, la hija y para mi. Mi profe me cuenta que su hija quiere ir, entonces le digo:“No te hagas problema, te doy la mía”. Llegamos a la cancha y se me ocurrió pedirle a Cristian una entrada más. Viene y me manda tres entradas más. No una, tres. Te podés imaginar lo que fue eso en la cancha de Boca. La gente me conocía, me saludaba. Son muchas las anécdotas que viví gracias al fútbol.
– ¿Y cuándo pasaste de vivir en el club a este lugar?
-Cuando me fui del club tenía que buscar un sitio dónde vivir. El presidente me dio una llave para que viniese acá. Al poco tiempo me voy a Agropecuario, siguió pagándome el alquiler, después dijo que no podía pagarlo más. Y bueno, hoy con un poco de ayuda lo pago, me pagan las expensas y estoy tranquilo.
– ¿Extrañas vivir allá?
-A ver, a mí me costó mucho irme de Brown. En ese momento yo lo consulté con mi equipo porque las cosas no nos estaban saliendo. Y cuando las cosas no te salen, vos tenés que ser consciente de que tal vez sea momento de que busquen un recambio, porque a lo mejor soy yo que no le llego al jugador. Yo creo que lo hice educadamente, pensando y consultando a todo mi cuerpo técnico, estábamos todos de acuerdo. Ahí me agarró una depresión muy grande.
– Recién veía tus tatuajes y tenés uno que dice: “Por siempre en mi corazón”
– Es por mi hijo. Tengo la desgracia de no tenerlo y en su momento hubo muchas cosas con él que por trabajo no compartí. Se extraña. Es muy difícil. Cuando sucedió lo de mi hijo me agarró tal depresión que me agarró un infarto. Estuve cinco días en el Cruce de Varela en terapia intensiva. Yo me pensaba que era superman y que no me iba a pasar nada. Y sin embargo no es así…




