
Volver a empezar no siempre es volver a cero. Para Leandro Breyesta vez fue volver a atajar. Volver a la exposición que tiene el arco de Boca. Y en su regreso como titular ante Talleres, el pibe dejó una actuación que dijo más por sus gestos que por sus intervenciones.
Porque casi no tuvo trabajo. Los tiros al arco no exigieron: se fueron anchos, como ese intento de Rick que ni siquiera lo obligó a moverse o la salvada al final antes de que lo anticipen a Paredes. Pero el arco no vive sólo de atajadas, y ahí fue donde Brey empezó a jugar otro partido.
Primero, una salida que encendió alarmas. Fue a cortar un centro, despejó corto y la dejó viva. La jugada siguió y terminó en una chilena de Ronaldo Martínez que sacaron en la línea. Para su tranquilidad, todo estaba invalidado por offside. Pero la imagen quedó: duda y sensación de riesgo.
Después, tuvo revancha en una acción similar. Salió a rechazar de cabeza y lo hizo bien, con decisión, lejos del área chica. Más firme, más claro. Una respuesta rápida dentro del mismo partido.
Asi está Brey hoy: en ese equilibrio finito entre la duda y la respuesta. No sufrió el partido, pero tampoco logró adueñarse del área. Si tuvo una atajada al final salvando a boca . Sin embargo, se lo vio inseguro con la pelota en los pies, sin terminar de transmitir control en cada intervención.
El contexto explica parte de la historia. Desde aquel 1-1 ante Rosario Central en 2025, con el gol olímpico de Ángel Di María que lo expuso, sumó muy poco rodaje. Y en el medio apareció Agustín Marchesín, una presencia fuerte que ahora, por lesión, le volvió a abrir la puerta.
Pero Boca no da tiempo. Se viene Independiente, después Barcelona de Ecuador y enseguida River Plate. Todo junto, todo ahora. Y en ese calendario apretado, Brey ya no es promesa en espera. Es presente en evaluación.