
Como contaba Álex de la Iglesia en una divertida anécdota, Quentin Tarantino tiene un conocimiento tan vasto sobre cine que asombraría a cualquiera. Rarezas cinematográficas que parece imposible que hayan llegado a sus manos y que, sin embargo, no solo ha visto, sino que recuerda a la perfección y a menudo saca a colación en sus conversaciones dejando de piedra a su interlocutor.
Sin embargo, hay películas que Tarantino se niega a ver de forma consciente y también lo reconoce. Sin ir más lejos uno de los grandes éxitos de uno de los actores a los que más admira, tal y como él mismo confesó en una entrevista con Vanity Fair en 1994.
Aunque ha llovido desde entonces y no sabemos si en algún momento el cineasta ha cambiado de idea, entonces lo tenía claro: no quería ver ninguna película con ningún bebé que habla y por eso pasó olímpicamente de Mira quién habla, la comedia de 1989 que John Travolta coprotagonizó junto a Kirstie Alley.
Por mucho que me guste John Travolta, no podría ver una película de bebés parlantes. Pero he visto todo lo demás que ha hecho
Inolvidable por algunos de sus trabajos en los 70 y primeros 80 como Fiebre del sábado noche, Grease y Impacto, esta última la favorita de Tarantino, John Travolta es uno de los actores mñás admirados del durector, que contó con el para una de sus mejores películas y la que le consagró como cineasta tras su debut en Reservoir Dogs: Pulp Fiction.
Dirigida por Amy Heckerling, en Mira quien habla seguimos los pasos de Mollie (Alley), una madre soltera cuyo bebé comparte sus pensamientos con el público. Mientras los adultos permanecen ajenos a todo, el bebé comenta los acontecimientos con un humor mordaz desde fuera de cámara.
Curiosamente, lo que aparentemente le pareció una premisa intolerable a Tarantino se convirtió en un éxito rotundo: Mira quién habla fue un éxito de taquilla masivo en todo el mundo y la película más taquillera de Travolta solo por detrás de Grease. Sus secuelas, sin embargo, no tuvieron la misma acogida.
Que Tarantino lo eligiese para su papel de Vincent Vega en Pulp Fiction fue el impulso que necesitaba la carrera de John Travolta, nominado al Oscar a Mejor actor por aquel trabajo.