
La triste noticia del fallecimiento del actor ha conmocionado a la industria española. Ganador del Goya por ‘Tarde para la ira’, siempre ha sido un firme defensor de los papeles pequeños: «Los hago como si fueran protas»
Este jueves 30 de julio, la triste noticia del fallecimiento de Manolo Solo a los 62 años ha sacudido por completo la industria cinematográfica española. Rostro imprescindible de nuestro cine con multitud de trabajos a sus espaldas, el intérprete era uno de esos actores que cualquier director querría siempre a su lado porque, aunque a menudo en roles de reparto, se dejaba la piel en cada papel.
Desde que tanto agencia de representación como la Academia de Cine confirmaron su fallecimiento a consecuencia de un cáncer, numerosas personalidades de la industria no han dejado de mostrar su pesar, dedicándole emotivos mensajes de despedida y acudiendo a la capilla de San Isidro para un último adiós. «Durante sus más de 30 años de carrera, Manolo demostró ser uno de los mejores de su generación, un grandísimo profesional y un gran compañero. Manolo no dejó de trabajar hasta sus últimos días», reza el comunicado de su agencia de representación.
En los últimos años, el actor había protagonizado algunos de los proyectos más destacados de nuestro panorama nacional. Uno de sus últimos proyectos fue Anatomía de un instante, la serie de Alberto Rodríguez sobre el 23-F en la que dio vida a Gutiérrez Mellado, así como la película Una quinta portuguesa (2025), una de las más aclamadas de la pasada edición del Festival de Málaga. La última vez que le vimos en pantalla fue en un papel secundario en la película de Netflix La desconocida y todavía está pendiente el estreno del filme Aquí, que fue presentada la pasada primavera en Cannes.
Dos veces nominado al Goya y ganador en 2017 por su trabajo en Tarde para la ira de Raúl Arévalo, Manolo Solo también se destacaba en teatro, que era otra de sus grandes pasiones.
Absoluto merecedor del respeto que le tenían todos aquellos que le rodeaban, Solo siempre demostraba siempre una gran humildad al hablar de su oficio e, incluso estando nominado al Goya por una interpretación magistral de nueve minutos, no se consideraba un actor «con valor de producción». No obstante, el actor siempre dejó claro el valor sincero que para él tenían los papeles pequeños. Esos que le acabaron haciendo tan grande.
«Es verdad que he tenido pocos periodos sin trabajar. También es cierto que he hecho mucho de francotirador, papeles pequeños», reflexionaba sobre su trayectoria en una entrevista con Cinemanía a propósito de su nominación -cuando no sabía que ganaría- que la revista ha rescatado como homenaje a su fallecimiento. «Yo si fuera director cuidaría mucho los papeles pequeños y la figuración. […] Son papeles a los que no se suele prestar mucha atención pero suele ser síntoma de que la película se ha cuidado, que está bien. Yo es que he hecho tantos… Pero yo siempre los he hecho como si fueran protas. Y no es un tópico. Me implico exactamente igual que cuando hago papeles más grandes».
«Yo a los productores les sueno. Pero no creo que tenga valor de producción. Sé que puede sonar inmodesto, pero puedo tener cierto prestigio, pero no valor de producción. No lo digo con amargura», aseguraba.
Me fastidia porque cuando me llega un guion nunca me toca el personaje que me gustaría hacer. Y hay muchos guiones que ni siquiera me llegan. Me cuesta mucho que me lleguen personajes potentes, al margen del rango de importancia. Los personajes buenos ya están dados. En España te pones de moda y, de pronto, lo haces todo
También reconocía Manuel Solo, que su autoestima siempre había dependido mucho de la valoración externa. Y, por eso, cuando cuando ganó el Goya por Tarde para la ira se sobrecogió: «Me dejó mucho más emocionado de lo que yo soportaba que me pasara. Si solo es un premio, pero fui humano».
Tengo la mala suerte de que mi autoestima depende demasiado del gusto de los demás, del sentir que gustó a los demás. Entonces, que te den un premio a este nivel, si no has estado ni cerca en muchos años de su vida y asocias eso a que te valoran
«La vanidad también hace que la autoestima dependa de la valoración externa. Eso se asume como ‘Estás bien o no’, ‘vales o no’. La vanidad per se no es mala, hay una parte que te ayuda a mejorar y a marcarte objetivos, pero depende de donde coloques tus expectativas te puede hundir también», reflexionaba en aquella entrevista. «Este oficio es muy de eso, del brillerío, del esplendor. De joven, salvo los que son hijos de actores que ya han visto lo que es ir de gira y ensayar y lo que es la parte dura del trabajo, vemos el oropel, lo maravilloso del trabajo. Sólo se ve la punta del iceberg, los actores que ganan premios haciendo papeles estupendos y cobrando mucho dinero por ellos. Eso no es esta profesión. Es una parte muy pequeña».