La primera entrega puso el broche de oro a su historia con un gran plano. La secuela y el ‘spin-off’ que conforman la franquicia han sabido mantener esa característica
Franquiciar todo lo que sea franquiciable es la máxima de las grande producciones de Hollywood. Los universos cinematográficos es a lo que aspiran los estudios cuando dan luz verde a una película y eso significa dejar los finales abiertos o insinuar de cualquier forma que hay cabida para una secuela, un ‘spin-off’, una precuela o lo que surja. En esa necesidad de dejar la puerta abierta a futuribles, la tendencia es poner cualquier broche de oro: da igual cómo se haga, tan solo planta la semilla en el espectador. Por eso, cuando dentro de una saga te encuentras con un final redondo, coherente y bien pensado, sientes que todavía hay esperanzas.
El mejor ejemplo de una saga que sabe terminar sus películas a la perfección es Un lugar tranquilo (2018). La franquicia de ciencia ficción y terror instauró en su primera entrega esta especie de tradición con su final, y la secuela Un lugar tranquilo 2 (2021) y el ‘spin-off’ Un lugar tranquilo: Día uno (2024) la mantuvieron.
Un lugar tranquilo termina con Evelyn, la matriarca de los Abbott interpretada por Emily Blunt, y su hija Regan, a quien da vida Millicent Simmonds, descubriendo el punto débil de los alienígenas: un sonido a una frecuencia muy alta -el del implante coclear de Regan acoplado- les hace daño, lo que hace que abren su cabeza-caparazón. Es el momento perfecto para dispararles y matarlos. Lo último que ve el espectador en la primera entrega es a Evelyn, después de acabar con uno de ellos, cargando la escopeta.
La secuela cuenta con el siguiente desenlace: Regan ha conseguido llegar a una estación de radio. Desde allí puede emitir a todo el mundo el sonido que hace su implante coclear cuando se acopla. En la radio mata a uno de los alienígenas clavándole un palo en la cabeza. Después de eso, la última imagen es la del implante colgado del micrófono, adelantando que el mundo está ganando la batalla a los alienígenas.
Incluso al cambiar de director y pasar el testigo a Michael Sarnoski, el ‘spin-off’, ambientado en Nueva York durante el primer día de la invasión alienígena, mantuvo esta tradición, aunque dándole un giro drástico.
Paramount Pictures
Sam (Lupita Nyong’o), consciente de su cáncer terminal, decide sacrificarse en una Nueva York devastada para que su compañero Eric (Joseph Quinn) y su gato puedan huir en barco. La secuencia final, con Sam reproduciendo ‘Feeling Good’ de Nina Simone por los altavoces a sabiendas de que atraerá a los monstruos, regala el desenlace más triste de toda la franquicia. A diferencia de los otros dos, mucho más esperanzadores, el del ‘spin-off’ es triste, pero perfecto para cerrar esta historia ambientada en el primer día del fin del mundo.
Ahora, la saga tiene una nueva oportunidad para regalarnos otro de sus finales perfectos con Un lugar tranquilo 3. Una secuela directa de la segunda película que vuelve a estar escrita y dirigida por el creador de la franquicia John Krasinski y cuyo estreno se prevé para julio de 2027.