
«Así como el árbol nos da la celulosa para escribir, nosotros le devolvíamos al árbol que plantábamos el abono», dice a Clarín la escritora argentina residente en España Clara Obligado, que días atrás, y junto con otros autores y lectores, participó de la plantación de nuevos ejemplares de roble y fresno en un «Bosque de libros», promovido por la Fundación Tormes-EB, en línea con otras iniciativas que enlazan la literatura y la naturaleza.
En la Argentina y bajo el lema «Poesía contra la devastación del planeta», un grupo de escritores creó en 2020 el primer Bosque de la Poesía en la localidad de Carlos Paz, en respuesta a los incendios provocados y con el fin de convertir la naturaleza en sujeto de derecho.
Del otro lado del Atlántico, en un predio recuperado por la Fundación Tormes-EB, en el que hace 25 años comenzaron a recuperar el agua y plantar árboles para dar forma a un bosque, varias decenas de plantines se sumaron a ese pulmón verde de la mano de la literatura. Aunque Obligado comienza ahora a presentar su nuevo libro titulado Exilio, todavía no cerró la presentación del ensayo Un árbol de compañía (ambos por Páginas de Espuma), que coescribió con el biólogo Raúl de Tapia.
El volumen es una joya, delicado y firme, poético y científico, elocuente en su riqueza, que nace de la reunión de una extraordinaria narradora y maestra de escritores y un biólogo, botánico y «degustador de paisajes» –como a él le gusta llamarse–. El resultado es una comunión entre memoria y naturaleza, ramas y raíces, lo aéreo y lo subterráneo. Y el fuego, ese pavor.
Por eso, juntos establecieron una continuidad entre lo escrito y el sujeto abordado, entre la forma y el fondo, y se subieron a un micro que, con medio centenar de pasajeros, partió desde Madrid con rumbo a un pueblo de Salamanca y, allí, devolvieron a la tierra algo de lo que ella ofrece.
«Cuando llegamos, hicimos una sesión de escritura y cada uno en papel reciclado escribió un poema para el árbol y un deseo. Luego, en el terreno, aprendimos a cavar los pozos, leímos poemas de distintos autores y tiramos nuestros textos al hoyo para que esas palabras también se transformaran en abono para el árbol», completa la autora de Todo lo que crece. Naturaleza y escritura (2021) y Todo lo que crece. Naturaleza y escritura (2020).
La Fundación Tormes-EB es una ONG que trabaja por la conservación y restauración del medio natural «como forma de desarrollo rural y urbano, apostando por el presente y el futuro, pero sin olvidar nuestro pasado», explican en su página web.
Raúl de Tapia, el coautor del libro Un árbol de compañía con Clara Obligado, es, además, parte del equipo que dirige esa organización creada en el año 2000 y que trabaja, por un lado, en programas de comunicación, sensibilización y educación ambiental y en la gestión de planes de biodiversidad, recuperación de áreas degradadas y proyectos de asesoría técnica ambiental para entidades públicas y privadas.
Entre otras actividades, la ONG propone recorridos artísticos del humedal de Almenara de Tormes, a 18 kilómetros de la ciudad de Salamanca, y eso es justo lo que hicieron los invitados a la plantación. «Es un bosque recuperado sobre un territorio al que volvió el agua y volvieron los pájaros. Raúl explicó todo el proceso etapa por etapa», recuerda a Clarín Obligado.
La ceremonia y su significado emocionaron a los participantes: «Nos encantaría que esta actividad se replicara en otras partes del mundo. Este es el primer Bosque de los Libros que plantamos y Raúl ya hizo una propuesta para repetirlo en Gijón. Es una idea que puede retomar quien quiera, la gente puede plantar bosques y cuidarlos».
De hecho, los Bosques de la Poesía de la Argentina ya se multiplicaron en medio centenar de iniciativas en España, México, Perú, Bolivia, Italia y Estados Unidos, entre otros países.
La autora argentina participará en las próximas semanas de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde presentará sus dos últimos libros: Un árbol de compañía (Páginas de Espuma) y Exilio, con ilustraciones de Agustín Comotto.