
Originalmente, Clint Eastwood solo tenía previsto dirigir este thriller. Al final, también apareció en pantalla, pero ambos prefirieron no repetir la experiencia
Podría decir que en los años 90 Kevin Costner estuvo más cerca que nadie de ser el sucesor de Clint Eastwood en el género wéstern, pero finalmente la carrera de la gran estrella, director y protagonista de la oscarizada Bailando con lobos, tuvo una carrera mucho más llena de altibajos de lo que hubiera cabido esperar. Precisamente en esa misma década, Eastwood y Costner tuvieron la oportunidad de trabajar juntos, pero ambos tenían formas muy diferentes de trabajar y, a pesar del buen resultado de la película que coprotagonizaron, con el más veterano como director, no volverían a repetir la experiencia.
Tras ganar merecidamente los Oscar a Mejor Película y Mejor Director en 1993 por su obra maestra del western Sin perdón, Clint Eastwood nos regaló una obra casi igual de magnífica, aunque completamente diferente y mucho más olvidada: Un mundo perfecto, una película sobria, pero de una fuerza inmensa que fue escrita por John Lee Hancock.
«Elegante y maestra, Un mundo perfecto es capaz de emocionar al espectador desde diferentes perspectivas a la vez que avanza hacia un final tan épico como desolador. Una película enorme», reza la crítica de 4,5/5 estrellas para SensaCine firmada por Israel Paredes.
Clint Eastwood inicialmente solo pretendía dirigir la película, pero cuando la superestrella de Bailando con lobos, Kevin Costner, firmó para el papel principal en Un mundo perfecto, insistió en que la leyenda de Hollywood también apareciera en pantalla. Dado que el papel del jefe de policía no requería demasiado tiempo en pantalla, Eastwood finalmente accedió, dando inicio así a uno de los duelos cinematográficos más emocionantes de la década de 1990 para muchos cinéfilos.
En la película, ambientada en 1962 en Texas, los peligrosos criminales Butch Haynes (Costner) y Terry Pugh (Keith Szarabajka) escapan de la prisión de Huntsville. Huyendo de la policía, irrumpen en la casa de Gladys Perry (Jennifer Griffin), una madre soltera, y toman como rehén a su hijo de ocho años, Phillip (T.J. Lowther), pero pronto surgen conflictos entre los malhechores. Pugh muestra repetidamente sus tendencias psicopáticas, mientras que el mucho más sensato Haynes, pronto se encuentra solo con el niño en un auto robado. El secuestrador se convierte poco a poco en una figura paterna para el tímido Phillip, mientras las autoridades, lideradas por el experimentado jefe Red Garnett (Eastwood), lo acorralan sin tregua.
A pesar del perfecto resultado de la película, la realidad es que hubo roces entre las dos superestrellas durante el rodaje. Principalmente por sus diferentes filosofías. Conocido por su predilección por rodar pocas tomas y llevar a cabo jornadas de trabajo ligeras que no agoten a los actores, Eastwood chocó con los métodos más pausados de Costner, que necesitaba más tiempo para prepararse.
La anécdota más incómoda del rodaje se produjo cuando, como recordaría Slashfilm, cuando Costner no estaba listo para rodar una escena y el director decidió que no le necesitaba: se dirigió a un miembro del equipo y le dijo: «Busca a su extra y ponle una camisa».
Cuando Costner salió de su caravana, listo para rodar, Eastwood le dijo: «No importa. Seguimos adelante». Ante la incredulidad del actor, el veterano fue firme y claro:»Me pagan por quemar película».
Aunque ninguno e ellos ha hablado mal del otro, en aquel rodaje quedó claro que no eran muy compatibles y su experiencia juntos se quedó en una película. Pero muy buena.